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viernes, 29 de octubre de 2010

La Rueda



Viernes.5 de la tarde.

El ruido del aire acondicionado resuena de fondo. Posiblemente es lo mas gratificante que he oido en todo la tarde. Las voces de la gente en la oficina rebotan en mis oidos. Las agujas del reloj se mueven lentamente. Parece que aprovechan para detenerse cada vez que no las miro. Mi traje desgastado va a tono con mis ganas de trabajar. Soy un autómata. Hago las cosas sin pensar. Me retoco la corbata que me esta ahogando. Suspiro largo. Vuelvo a mirar a la pantalla. Solo tengo un pensamiento. Salir de esta jaula oxidada.

7 de la tarde.

Apago el ordenador. Salgo como un relámpago hacia el ascensor. 7 y dos minutos. Estoy en mi coche. Pongo a tope la radio. El locutor justo grita “Empieza el fin de semana!”. Sonrió y acelero hacia mi casa. Tengo ganas de arrancarme el traje. Es como un sarpullido que me molesta.

9 de la tarde.

Estoy en la calle. Pantalones rotos, zapatiilas y camiseta. Me dirijo al bar de siempre. Al entrar Mirko, el camarero, me saluda. Parece como si fuera un amigo de toda la vida. Chasqueo la lengua y le digo un “¿Qué tal hermano?” Suena más falso que la honestidad de un político. El me alarga la mano y las chocamos. Esta parafernalia me hace gracia. Parecemos niggers de las películas del bronx. Tras un par de preguntas huecas, voy al grano. Bueno más bien al gramo. Intercambiamos billetes por mercancía y salgo con prisa del lugar. He quedado con unos amigos.


11 de la noche.


Atravieso el hall de la casa. Se oyen risas de fondo. Buen ambiente asegurado. Me reciben como Papa Noel. Yo reparto los regalos. Mientras ellos sacan una bandeja, yo saca un billete. Vuelvo a ser un autómata. Pero ahora estoy feliz. Noto como mi corazón se acelera. Me siento eufórico. Me apetece hablar y hablar. Voy devorando copas. Las botellas se acaban. La conversación va subiendo de tono. Gritamos. Y gritamos mas. La música se deja de oir .Mi amigo nos echa “amablemente” de su casa.

2 de la madrugada.

De un pub a otro. Copas y mas copas regados de conversaciones vacias. ¿Garrafon? !Que mas da! Viajes furtivos al baño. Risas descontroladas. Flirteo con una chica. Le cuento chistes que no recuerdo ni recordare. Ella sonrie. Ella suelta carcajadas. Ella se va. Solución a la tristeza: vuelta al baño.

5 de la madrugada

La noche se va esfumando en mis manos. Todo se va complicando. Me siento indefenso. De momento me acuerdo de todo. Pero alguien me pasa un cigarro de contenido no identificado. No lo rechazo. Una profunda bruma comienza a cubrir mi noche. Estoy confundido. Voy viendo todo por una mirilla que se hace mas y mas pequeña. Hasta que llega el negro absoluto.

Hora indeterminada

Me despierto. No se donde estoy. La cabeza me duele. Prácticamente le falta poco para estallar. Un dolor como un taladro atraviesa mi sien. No recuerdo nada aunque intento recordar. Chasqueo la lengua. Tengo la garganta seca. Como una lija. Un regusto a agrio recorre mi garganta. Creo que ayer bebí algo más que agua. Intento respirar. No puedo. Mis fosas nasales están atascadas. La noche ha sido dura.
Miro a mi izquierda y veo dos filas de una sustancia de un color que no reconozco. Por momentos me encojo del miedo. Miro a mi derecha. Una chica de pelo rubio esta tumbada a mi lado. La noche no ha ido tan mal, pienso. Levanto las sabanas. Veo que tengo los pantalones bajados. Pero llevo toda mi ropa. Hasta las zapatillas. Parezco un quinceañero. Levanto la sabana suavemente. Veo ante mis ojos un cuerpo escultural. Alargo la mirada y sorpresa. No es una chica. Me entra un sudor frio. Tengo ganas de desaparecer. Una bola en forma de angustia no me deja respirar. Dudo por unos segundos. Pero actuo al instante. Me tengo que ir de alli de forma inmediata. Me incorporo con fina delicadeza. Deseo que no se despierte. No quiero que me cuente nada. No quiero intercambiar una sola palabra con esa mujer. Quiero decir hombre. Cierro la puerta con precisión de cirujano. Una vez en el pasillo corro sin control. Abro la puerta del portal. Me paro. Me apoyo en la pared. Y respiro profundamente. Ya ha pasado.

12 de la mañana.

Ojeras. Olor a tabaco. Camiseta con lamparones de alcohol. Rastros de suciedad en las manos. Y sin un duro. Rastreo los bolsillos y me encuentro una santa moneda de dos euros. Entro en la primera boca de metro que encuentro. Directo para casa. No me acuerdo lo que he hecho. No me siento nada bien. Sentimiento de culpa total. No vuelvo a salir. Lo juro. Abro las sabanas de mi cama. Me meto en ellas. Espero que todo sea un sueño. Mi cama reparadora. Necesito olvidar. Me duermo rendido.

Lunes. Vuelta a la Rutina. Depresion. No vuelvo a salir en meses.
Martes. Informes. Aguantar la cara de mi jefe. No quiero fiestas.
Miércoles . Reuniones Monotonía. No me llameís.
Jueves. Mas informes. Desidia total. Me quedo en casa
Viernes. Presentaciones. Apatia.

Son las 8 y estoy en la barra del bar de Mirko. Le saludo con un falso choque de manos. La rueda vuelve a girar.

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