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miércoles, 19 de enero de 2011

Una china en los zapatos


Soy Inma. Deportista profesional. Pero seguramente no me conozcas. Profesional no significa mediática. Participe en los juegos olímpicos de Pekin 2008. Modalidad tiro con arco. Deporte de masas. 4 años de mi vida como mileurista con una beca ADO. 365 días de cada año yendo a un gimnasio a tirar a una diana. 7 días a la semana con un único compañero: Mi arco y sus compañeras de viaje: Las flechas. 4 horas de cada día con el único objetivo de dar en el blanco. Se puede decir que soy una persona metódica, casi cuadrada y muy competitiva. Cuando algo me propongo, voy a tumba abierta a por el premio grande. Es casi una enfermedad obsesiva. Sin estar clasificada para las olimpiadas, ya había elegido el lugar donde iba a colgar mi medalla.  Una esquina perfecta dentro de mi habitación. Donde todo aquel que entrara, lo primero que viera fuera el brillo de mi medalla de oro. Había comprado hasta un marco dorado por Internet. Todo tenía que ser perfecto.
Pero mis delirios de grandeza no se quedaban ahí. Comencé a pedir comida china a todas horas. Realmente los rollitos de primavera y el pollo al limón no me gustan. Mi único objetivo era aclimatarme lo mas rápido a las costumbres chinas que iba a conocer en Pekin. Bueno eso y poder decir gracias en un perfecto chino cuando subiera al podio. Yo era la cliente VIP del Restaurante Chino Bambú Feliz de mi Barrio. Y los repartidores Yao, Li, Yeng, Zang y Jet eran como la de familia. Les retenía en la puerta de mi casa, preguntadoles todo tipo de estupideces. Al principio me miraban con temor. !Esta loca!.Alguno llego a meterse la mano  bolsillo para sacar su spray de pimienta.  Pero vieron que no era peligrosa, solo una pesada con ganas de hablar. En paralelo a mis incursiones gastronómicas, visitaba Bazares y Todos a 100 en busca de información. Aquí no compraba nada, pero preguntaba. Preguntaba sin parar y muchas veces. Hasta que mi ímpetu y ganas provocaban que pensarán que estaba loca. Al final el boca a boca se expandió y me vetaron la entrada. Fui la primera persona a la que le vetan la entrada en los Todo a 100 de un ciudad. Todo un récord. El primero de muchos. Esperaba.

Y todo esta  locura china para que un 10 de Agosto de 2008 a las 5 pm me de un ataque de pánico y quede en el puesto 123 de esta gran disciplina Tiro con arco femenino Modalidad  70 metros. Maldito destino. Hice blanco en la diana. La diana del fracaso. Mi frase perfecta en un perfecto chino mandarín de “Gracias a todos, se lo dedico a toda la gente que me ha apoyado.”  se fue por el retrete. Bueno en  una escapada desesperada hacia delante se lo dije a la recepcionista del hotel, al taxista, a la del DUTY FREE, a un policía  y a la azafata del vuelo de vuelta. Todos me miraron con la misma cara de pánico. Se ve que el rumor de los bazares de mi ciudad viajo hasta Pekin o simplemente es que comenzaba a perder la cabeza.
 
Lo había dado todo por un sueño. El triunfo olímpico. Estaba cegada por el oro. Mi cerebro se centro en un objetivo y todo se volvió oscuro. Cerre las puertas a todo lo demás. Con lo feliz que hubiera sido saliendo de fiesta con mis amigas. Tomando todas aquellas copas que siempre rechazaba con la misma frase: “Yo soy una deportista profesional” Se me hinchaba el pecho al decirlo.Quedando con aquellos chicos que me llamaban. Y a los que siempre respondía “ No puedo, tengo que entrenar”. Yo prefería lanzar flechas. Y parece que Cupido al ver que era competencia se olvido de mi. Excepto mis amigos chinos, no intercambie conversaciones de mas de un minuto con ninguna persona del sexo contrario. Si hasta me comenzaron a parecer monos los chicos de ojos rasgados.
Con lo bien que hubiera estado de vacaciones en todos los sitios a los que siempre desee viajar. Viaje mucho por todo Europa, pero para competir. No veía mas allí de un aeropuerto, un hotel y un pabellón de deportes. Competitiva y centrada en mi deporte que era una. Bueno eso si como mujer de costumbres algún bazar chino en Berlín Praga o Londres si que visite. Eran mis museos particulares y los dependientes mis guías a mi cultura preferida.

La de comidas que me habré perdido todo por estar en forma. Arroz, pasta y  verduras. Menú único. Y eso que mi deporte esta destinado a cuarentones con hijos que perdieron la forma a los 22. Pero yo estaba al pie del cañón. Sin un gramo de grasa. Con la bascula al acecho. Bueno seamos sinceros algún cerdo agridulce si que comía. Pero fue delante de los repartidores para que cogieran confianza.

Y todas estas penurias y obsesiones que os cuento son la causa que me haya apuntado a este curso de Relatos.
Quiero escribir todo lo que no pude y siempre quise hacer en estos cuatro años. Eso si espero no obsesionarme tanto como con el mundo chino y el tiro con arco. 

No quiero que me veten la entrada en todas las librerías y bibliotecas de mi ciudad.

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