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jueves, 10 de febrero de 2011

RECUERDOS CONGELADOS


Noto un frió polar en mi espalda. Miro el reloj y todavía son las 7 de la mañana. Con mi mano derecha agarro firmemente la manta, pero esta solo me cubre un hombro. El resto de mi cuerpo esta al descubierto. Como todos los días en nuestra guerra fría por la manta, Laura siempre se proclamaba vencedora. Poquito a poquito. Sin querer una fuerza invisible la iba llevando hacia ella. Tal vez un poco como ella me fue conquistando. Poquito a poquito. Sin prisas y sin quererlo nos fuimos conociendo. Nos hicimos íntimos. Luego surgió la chispa y para cuando te das cuenta ya no puedes vivir sin ella. Estas un día sin verla y una bola en la garganta no te deja pensar. Algo te falta. Es una adicción.
Alargo el brazo y noto su piel caliente. De un respingo vuelve a meterme debajo de la manta y me aproximo lo máximo a ella sin tocarla. Deslizo mi mano suavemente unos milímetros por encima de  su muslo. No quiere despertarla. Noto su calor y me alivia del frió. Cierro los ojos. Intento ser feliz. No quiero que nadie me saque de este letargo.

Pero no puedo engañarme. Estos despertares fríos. El verme solo en la noche. Notar como la manta que te protege se escapa. No son una coincidencia. Son un reflejo de lo que estoy viviendo. El destino es cruel y parece que se regocija en  mis malos momentos. No eran buenos tiempos para nosotros. La magia de irnos a vivir juntos había pasado. La rutina había superado nuestras expectativas de ser felices.

Un suave ronquidito comienza a salir por su nariz. Me gusta. Es uno de esos momentos idiotas que siempre recuerdas. Me produce una enorme ternura. Sonrió. Los buenos momentos revolotean por mi cabeza. Todo son recuerdos. Imágenes. Lugares. Carcajadas. Sueños cumplidos y sueños que quedaban por venir. Pero todo se estaba resquebrajando. Yo mismo veía como el castillo de naipes se venía abajo, pero no sabía como levantarlo. Todo lo que hiciera iba erosionando los cimientos de aquella casa. Así que me convertí en un tipo pasivo. Aguardaba celoso en mi guarida y esperaba que de un momento a otro me dieran la estocada. Visto desde fuera era masoquismo. Para mi era la forma mas digna de acabar con esto. Yo no iba a ser el que diera el paso. Se me puede acusar de cobarde, pero prefería mil veces sufrir con ella que morir solo.

Todo lo esperado había pasado aquella noche. Tumbados en esta misma cama, ella me dijo que no aguantaba mas. Que mañana se marchaba. Hacia la maleta y se iba a casa de un amigo. El momento había llegado. Había pensado hundirme en lagrimas. Dar pena. Sollozar. Que ella sintiera lastima. Había pensado una lista de cien razones para que ella se quedara. Hasta dentro de la desesperación había hecho un poema en el que le mostraba todos mis sentimientos. Pero no hice nada. No moví un musculo. Me quede callado. Ella me dijo entre lagrimas : “¿No vas a decir nada. Y yo obedecí como siempre lo había hecho, no dije nada. Le di la espalda y cerré los ojos.
Ahora me arrepiento. Fijo mi mirada en ella. Tenia que haber luchado. Pero no hay marcha atrás. La suerte esta echada. Me tengo que ir de allí de forma inmediata. Me incorporo con  fina delicadeza. Deseo que no se despierte. No quiero intercambiar una sola palabra. Cojo lo primero que encuentro para vestirme. Salgo de casa y cierro la puerta con precisión de cirujano. Me apoyo en la pared. Y respiro profundamente. Ya ha pasado.
Me quedan ocho horas infernales en la oficina. Un informe a primera hora me abstrae de mi mundo. Pero a las diez vuelve a retornar mi pesadilla. Me animo. Me digo que tengo que ser feliz. Ella no vale tanto. Pasare una mala temporada, pero luego seré feliz. No hay mal que por bien no venga. Ella no te merecía. Es el momento de ser valiente, de navegar solo. Va a ser lo mejor. Es lo que siempre has querido. Hacer lo que te de la gana. Sin ataduras. Sin Control.
Es la mejor solución. Las horas avanzan y me siento cada vez mejor. Es la hora de irse a casa y empezar de cero

Jugueteo nervioso con las llaves entre mis manos. Antes de abrir la puerta del apartamento, rezo porque ella siga allí.


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