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lunes, 7 de noviembre de 2011

AL RITMO DEL CARACOL

AL RITMO DEL CARACOL


Siempre me ha gustado mi trabajo, pero hay días en los que hubiera sido mejor pegar una patada al despertador y permanecer acurrucado entre las sabanas de la cama.
Ocho de la mañana. Mi motor vital esta al ralentí y avanza lentamente entre bostezos. Pero en minutos comienza la montaña rusa. Tengo barra libre en esta atracción y haga lo que haga no me puedo bajar. Subidas y bajadas. Caras desencajadas. Acelerones y frenazos. Gritos y caras de desesperación. La primera vuelta del carrusel se afronta con energía y decisión. Pero las siguientes van martilleando mi cerebro y comienzo a arrastrarme como un reptil por las diferentes reuniones que tengo esta mañana. Solo me queda replegarme y de vez en cuando lanzar un zarpazo o lanzar mi veneno con mi lengua bípeda en aras de alejar el peligro, pero tengo la certeza de que tarde o temprano el problema volverá a llamar a mi puerta. En todo momento actúo pasado de revoluciones, nervioso, en un constante estado de excitación y tratando de dar explicaciones a cada trampa que me encuentro en mí camino. Mi traje sigue impoluto, pero tengo la sensación que no he hecho más que revolcarme por el barro. Nada ha salido bien y solo he recibido golpes y palos. No tengo ni un moratón, pero me duele el cuerpo como si me hubieran pegado una paliza.
Esta mañana yo era la estrella y un foco me apuntaba sin que pudiera salir de la escena principal.  Los actores secundarios no han dado la talla y yo he tenido que coger la estrella del sheriff. Pero mi papel era el del anti-héroe cobarde y borrachín y mi actuación creo que no pasara de mediocre en un espagueti ti western de Sergio Leone.

Tres de la tarde. Hace un calor aterrador y el nudo de la corbata me aprieta más de lo normal. Necesito respirar y airear mis sudorosos sobacos fuera de la oficina. El sol golpea con fuerza desde su posición de privilegio. Este protagonista mira dubitativo a su alrededor. Solo y rodeado de edificios de hormigón. Una gota resbala suavemente por su frente. Momento crepuscular. Mira a izquierda y derecha. Unas luces de neón que intentan encenderse  y apagarse  llaman mi atención y debajo de ellas un gran cartel con la palabra MENUS ECONOMICOS. Hoy no estoy para cocina desestructurada y platos cuadrados. Necesito desconectar.
Entro en el restaurante. Unos currelas esperan en la barra a pagar su cuenta. Todos con su purito en la mano y una copa con un licor no identificado de color marrón en la otra. Un camarero con un delantal lleno de manchas me indica que me siente en la mesa del fondo. Estoy apartado del resto de gente, será su mesa VIP, pienso, mientras sonrió a una pareja que come a mi lado. Sobre la mesa hay un mantel de papel y cubiertos con marcas de haber sido utilizados demasiadas veces. Reviso la carta escrita sobre un folio arrugado y me decanto por Ensalada de la casa y Pollo al ajillo.

El camarero me responde con un “Perfecto caballero”, me sonríe delatando un dientes de tono grisáceo y me trae una bonita botella de vino peleón sin etiqueta. Relleno mi copa y cuando voy a darle un sorbo ya tengo delante de mi la ensalada de la “casa”. No son mi brotes verdes de Alsacia, ni el tomate importado de California, ni se parece al  atún traído del Vietnam que mi apetito gourmet suele degustar, pero hoy necesito una cura de humildad. Comienzo a enredar mi tenedor entre las tiras de zanahoria cuando descubro a un pequeño bichito acurrucado bajo una hoja de lechuga. Es un caracolillo, me apunta con sus cuernos y parece que me mira con cara burlona.
En otro momento me hubiera levantado, hubiera pedido la carta de reclamaciones y mis gritos se hubieran oído tres calles mas abajo. Pero hoy ya había tenido bastantes peleas, deje que ese caracol se posara en mi tenedor, lo situó sobre el mantel de papel y sigo comiendo como si no hubiera pasado nada.

Lo veo tranquilamente desplazarse por el mantel sin ninguna prisa y pienso, ¿Y si todos nos convertiríamos en caracoles, como sería nuestra acelerada  vida?

Lo primero que me viene a la cabeza son ideas gruesas.

Por fin los cornudos podrán salir con dignidad a la calle pensé. Llego el día en que esas personas que sufren en silencio las traiciones del amor, podrán salir de su casa  orgullosos y luciendo su cornamenta al sol. Ya no hay vergüenza, porque la gente te apunte con su dedo acusador. “Son mis cuernos y son solo míos”: será la respuesta. O directamente un ataque como defensa: “¡Ya te gustaría a ti tener unos cuernos tan bonitos y brillantes como estos!”. Todas las personas en las plazas y pueblos sacarían sus cuernos al sol y no solo se sentirían bien por ello, serian felices. Así son los caracoles.

La segunda figura que quedaría dignificada sería la de los arrastrados. Esos días que te  odias a ti mismo por no seguir tus ideales llegaron a su fin. Te encuentras a tu jefe por la mañana y le sueltas de carrerilla y sin respirar.
Lo que usted quiera mi querido jefe. Ha tenido una idea brillante. Es imposible que esa idea se me hubiera ocurrido a mí. Se le ve mas guapo que otros días  Por usted no pasan los años. No se que seria de esta empresa si usted no estuviera. Y todo esto sin que el llegue a abrir la boca.
Me arrastro si, pero viene en mis genes, es la forma de ser de los caracoles. Arrastrarse por el mundo para ir avanzando en la vida. Tu jefe hinchado como un pavo real y tu contento que para eso eres un caracol arrastrando tu casa a cuestas.

Luego me vino a la mente una idea feliz. Un anuncio que veía a menudo en la teletienda en mis noches insomnio comenzó a dar vueltas por mi cabeza. La crema de baba de caracol. Esa que te hace rejuvenecer, que te hace más feliz, que te hace sanar tus enfermedades y que te hace ser mejor. Imaginar un mundo en el que todos fuéramos caracoles. Todos segregando las 24 horas del día baba de caracol. Nosotros seriamos productores de nuestro propio elixir para tener una vida estupenda. Todos guapos y jóvenes de por vida. Ahí os quedáis BRAD y ANGELINA. Todos somos tan guapos como vosotros. De hecho me creo que al final los atractivos al final serian aquellas personas que tuvieran alguna mutación y no serian capaces de generar ese brebaje mágico. Ellos, a los que le saldrían arrugaras en la cara, a los que les saldría celulitis, serían al final los sex symbols y la gente atractiva. La gente diferente. Al final se haría justicia y los feos vendrían a ser iconos de la moda de este mundo. Viva el mundo de los caracoles.

Mi cerebro cabalga rápido y las interconexiones entre mis neuronas se activan. Este  mundo de caracoles comienza a tener sentido en estos tiempos que vivimos. Llega la crisis y los partidos políticos solo piensan en recortar. Los servicios sociales se desmontan y el sistema no es viable. Es la hora de montar el PTSC, el PARTIDO SOMOS TODOS CARACOLES. Esta claro que con nuestro propio sudor, la baba de caracol, el gasto en hospitales se reduciría notablemente. Somos inmunes a este mundo o eso espero. Lo que dice la Teletienda a las 5 de la mañana va a misa. O por lo menos dejar que me lo crea que este mundo caracoril tiene buena pinta. Por otro lado un tema candente que es el tema de la vivienda estaría solucionado. Viviríamos en un mundo justo, toda persona nacería con una casa debajo del brazo. Un caracol. Una concha. La vivienda como un derecho adquirido. Todos son ventajas en este mundo de caracoles. Nuestro partido tiene todas las de ganar.

 Sigo pensando y me imagino como serían las películas de acción con caracoles. Cuatro caracoles se bajan de su coche con su pasamontañas delante de un banco, sacan sus armas y deciden veloces entrar en el banco. Acción, acción no se si veríamos. 3 días los caracoles hasta que llegan hasta el mostrador de la caja.2 días para ir hasta la caja fuerte.2 días en realizar su escapada. Las películas iranis sin diálogos comienzan a tener más acción que esto. Seguro que los caracoles jubilados con tiempo libre acomodan sus conchas enfrente de los bancos para poder ver estos atracos en directo.
En eso que el director de la sucursal intenta activar la alarma y le cuesta día y medio llegar al botón. Todo tensión y suspense. La policía rauda y veloz sale de la comisaría y llega al banco para interceptar el atraco. Lucha a muerte dos días después dentro de la sucursal. La industria de rollos de cine se haría millonaria. Kodak es la empresa mas importante del mundo. Películas de 7 horas para captar secuencias que durarían tres minutos en nuestro mundo. No son secuencias a cámara lenta, es el mundo caracoril.
Una estruendosa risa sale de mi cuerpo, jajajajaja. Las mesas de al lado me miran comentando entre diente. “ Este tipo esta loco”.

 No se lo que tenia este vino peleón o es que me he metido demasiado en el papel, pero las agujas del reloj son dos cuernos de caracoles que me dicen que es hora de irme. Es hora de volver a mi jaula de grillos particular. Me dan ganas de tardar tres días como las películas de acción de los caracoles, pero sale mi parte responsable y vuelvo a mi trabajo.

Cinco de la tarde. Entro a la sala de reuniones. Un público voraz me espera para comenzar mi lapidación pública.
Cojo el micrófono y me dirijo a ellos.: “Buenas tarde señores caracoles”
Un murmullo inteligible inunda la sala.
Dudo unos segundos ,sonrió y rectifico :”Perdón, buenas tardes a todos señores y caballeros, un segundo que apago mi móvil, para que no nos moleste”
Simulo que apago el móvil y escribo en mi teléfono en tareas pendientes.

URGENTE COMPRAR CREMA DE BABA CARACOL.

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