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miércoles, 8 de febrero de 2012

Construyendo un nuevo ANDRES

Capitulo3. Construyendo un nuevo Andrés




Calor. Olor a vainilla. Piel color canela. Restos de carmín sobre la almohada. Sensaciones extrañas. Ella esta ahí. Estoy despierto y no me lo acabo de creer. El hueco derecho de la  cama no esta vació. Me froto  los ojos. No es un espejismo. Ella sigue ahí. Me rasco los ojos de nuevo como si intentara sacármelos.  Dormida. Inmóvil. Solo un pequeño silbido me hace vislumbrar que está viva. 


-“¡Es mi Belinda!”

-“¡Andrés estas hecho un chaval!”
-“¡Andrés estas hecho un aniiiimmmaaaallll!”
-“....” (Sonrisa de oreja a oreja)

Poso mi mano sobre su cintura sin llegar a tocarla. Te siento sin tocarte. Noto como palpita tu corazón. Tu cerebro manda aire a tus pulmones y sale por tu nariz silbando haciendo que tu abdomen suba y baje como un acordeón. Te voy a pegar un bocado. Belinda, soy tu lobo feroz. Tú eres mi caperucita.  Quédate aquí para siempre. Congelemos este momento. No te despiertes nunca. No existe el príncipe azul que te vaya a rescatar. Que no venga nunca el leñador del cuento a salvarte.

“¡Vaya Barba que tienes Andrés!” Necesito un afeitado urgente. Te tienes que empezar a cuidar, que ahora hay una chica en casa.

Belinda tengo un traje especial para ti en mi segundo baúl. Uno blanco, palabra de honor y con una larga cola. Ahí estamos tú y yo. En la puerta del ayuntamiento. Tienes que saber que yo no creo en Dios ni en nada que se le parezca. Boda civil. Mi madre se llevara un berrinche. Siempre imaginó a su hijo saliendo de la iglesia de su pueblo con una chica de anchas cinturas que le diera unos buenos nietos. No importa que no seas católica, tus buenas curvas despistarán sus pensamientos beatos. Tu tranquila, se va a poner a 120 pulsaciones solo con verte. Una mujer del brazo de mi Andrés. Lo que va a presumir de nuera con las vecinas en la plaza. Pues mi Belinda me llama todos los días. Pues mi Belinda no hace más que preocuparse por mí. Pues mi Belinda... es que es como mi hija. Que coño. Mi Belinda es mi hija. Mama, que yo soy tu hijo. ¡Venga los dos sois mis hijos!

¡Vaya ojeras, que te calzas Andrés! Vas a tener que dormir un poco más, que esas bolsas debajo de los ojos no son nada favorecedoras. Hay que dormir mas, que mi señora seguro que lo agradece.

Siete platos como siete castillos nos comeremos en el banquete. Todo exceso y colesterol para el deleite de los invitados. Cinturones fuera. Abajo operación Bikini. Que se note que estamos orgullosos de nuestras carnes. Que corra la grasa por nuestras arterias.  Lo tengo todo decidido. Uniforme de batalla frac blanco, chaleco azul celeste y como nota de color unos afilados y brillantes zapatos acabados en punta. Entraremos al banquete con la música de una grande: Maria del Monte a todo volumen rompiendo los altavoces.

Todo el mundo mirándonos. Todo el mundo murmurando.
-“Eso es estilo”
-“Son tal para cual”
-” Andrés se notaba que era un diamante en bruto”

Ahí te quedas Fernando. “Nunca encontraras a nadie que te aguante”: Me decías. Tu si que estas solo, ahí en la mesa de los solteros bebiendo vino sin parar. Aprende de Andrés.  ¿Quien es ahora el perdedor?

¡Fffffuuuu, ffffffuuuuu! Me soplo en la mano. Ay Andrés creo que te huele el aliento. Nota mental. Eso que esta en el vaso del lavabo muerto del asco es un cepillo. ¡Andrés que ya no vives solo!

Belinda  aunque parezca un tipo clásico. Soy moderno. Tolerante. Nunca me entrometeré en tu vida. Me gustaría que dejaras tu trabajo. Pero si decides seguir con lo tuyo. No te diré nada. Es tu decisión. Me mantendré como un perro fiel, a la espera, sin molestar, pero dispuesto a morder a todo aquel que se interponga en tu camino. Pero eso si a los clientes, por favor, no les beses. Los besos son solos para mí. Como en Pretty Woman. Tú eres mi Julia Roberts. Yo seré para ti tu Andrés Gere. Mismas canas que Richard, pero con 120 kilos y una incipiente calvicie, pero se que tus ojos me verán con las gafas del amor. Mi melena ondeara al viento, mis ojos serán azules como el mar y mis abdominales serán cuadradas como las onzas de chocolate. Un nuevo sentido en la vida. La vida de color de rosa. Hemos encontrado la solución a la  infelicidad de nuestras vidas. Estar juntos. Nuestro amor nos dará la coraza para superarlo todo.

¡Uff, uff! Hueles a caballo Andrés. Ha llegado la hora de ducharse todos los días. Ya no vale lo de un poco de desodorante y a la calle. Ahora hay una señorita en tu vida.

Las barreras están para saltarlas y yo se que tu y yo somos plusmarquitas del amor. El amor que atraviesa montañas, que atraviesa océanos, mares y ríos.
El amor al que le da igual lo que digan los demás. No habrá hamburguesa doble con bacon que se nos resista. Sustituye hamburguesa por discusión  y bacon por diferencia .No habrá codillo con patatas que se tenga en pie. Cambia codillo por barrera y patatas por impedimento. No habrá chuletones y solomillo que nos separe. Donde pone  chuletón pon infidelidad  y  por solomillo  envidia. Belinda y Andrés allí vamos. Andrés y Belinda nunca volveremos. Nos vamos a comer este mundo. Literalmente. Y si no, siempre nos quedara el plan B: la salsa barbacoa y el ali olí para acompañar nuestra vida. Léase viagra por barbacoa y prozac mucho prozac por ali olí. Estamos sentados en el mejor restaurante y casualidad que se encuentra situado en el centro de nuestra vida.


¡Ay dios Andrés! ¿Que es eso que sale de los dedos de tus pies? Son mejillones. Y del mar negro. Andrés hay que cuidar los detalles. Se acabo el romper los calcetines con la uñas. Mañana a la pedicura, que mi Belinda lo merece.

Me entra hambre. Hambre por tenerte. Por poseerte. Por comerte.  Por que seas mía. Un menú que se repite. De primero tus piernas, de segundo tus pechos y como postre tus dulces besos. No me canso de ti. Que esto sea un bucle que se repita sin parar.  Sin control. Una y otra vez. Sin orden. Otra vez y  una. Sin sentido. Yo para ti y tú todas las veces  para mí. Sin  esperas. Yo todo tuyo y nunca sin ti. Sin ataduras. Yo en ti y tú sin mí. Sin barreras. Yo  encima de ti y tú lejos de mí.

Noto calor. Noto una caricia húmeda en mi cara. ¡Belinda, se que quieres guerra! Abro un ojo y veo la lengua de mi perro que busca mi boca. Junto a mi solo hay una nota

“Andrés roncas como un cerdo y no te he podido despertar. Me debes 120 euros. Belinda.”

"…..."
(Suspiro largo).

“Andrés decididamente si que eres un animal....”

Mi voz se ahoga.
Tengo un nudo en la garganta.
Mi perra lame mis lágrimas.
Yo le dejo. Ella siempre estuvo ahí.

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