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jueves, 4 de octubre de 2012

Volver o (re)cortar


Momentos dulces. Momentos deliciosos.  Me gusta cuando estoy bien contigo. Cuando tenemos una relación fluida. Cuando cada sentimiento se ve reflejado. Cuando cada idea queda plasmada. Cuando cada reflejo de luz se convierte en una secuencia, en un momento, en un sentimiento.
Yo pienso y tú me das todo lo que yo quiero. Yo reflexiono y los folios corren. El contrato es temporal y cada tres meses vamos firmando una renovación. Tu y yo sabemos que tiene una fecha de defunción marcada en el calendario. El amor se va graduando. Los sentimientos se acentúan y justo cuando parece que vamos a llegar al clímax,  llega el maldito verano. El sol aparece, resplandece, la luz nos llena, pero las teclas del ordenador dejan de sonar. El chisporroteo de mis dedos sobre las letras deja de oírse y nos separamos. Al caer el verano todo se viene abajo. Cada ladrillo que hemos montado en esta casa de historias, cada línea que hemos escrito se derrumba y todo se viene abajo como un castillo de naipes. Somos lo contrario que los romances veraniegos. Somos amantes comunes. Amantes en los momentos de frío, en los momentos de guantes y abrigo, momentos oscuros con la luz del portátil como única vela. Pero tú y yo sabíamos que cada otoño nos volveríamos a  ver. Este último año un señor de barbas con gafas muy “popular” quiso que no nos quisiéramos volver a ver. Superfluo nos llamaron. “Superfluo eres tú”, dije yo. Pero el destino nos ha marcado. Un mismo camino. Parece que los sentimientos rebrotan. Y hoy al fin te he vuelto a ver. 

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