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martes, 19 de noviembre de 2013

Descubriendo a Maria Koppman



Abro los ojos. La cabeza me duele. Chasqueo la lengua. Tengo la garganta seca. Como una lija. Creo que ayer bebí algo más que agua. Esta cama no es la mía. A medida que mi cuerpo se despereza los clarososcuros se convierten en grises y los recuerdos escondidos aparecen como fotos en mi cerebro. Maria. “MiMaria”. Estoy en su cama. Ella duerme. Me acurruco como un ovillo y en silencio oigo un fino silbido que sale de su nariz. Ternura inmensa. Inmensa Felicidad. Felicidad descontrolada.
Te observo dormida. La cabeza sobre la almohada ladeada hacia la ventana. El sol del mediodía te besa los labios. Tu cuello me llama. Tu pecho baila acompasado al son de la vida y con mi mano lo sigo, sin tocarte, no quiero despertarte. Hueles a perfume y humo. Sabor a noche con toques dulces. Dulce Noche. Noche con sabor a ti. La mano izquierda sobre el ombligo, la otra cuelga del lado derecho del colchón. La sábana cubre sólo tu pierna derecha y parte del muslo de la izquierda. Piel blanca de terciopelo. La suave curva de tu cintura pone al descubierto mi debilidad. Suspiras. Yo me encojo pensando que vas a despertar y cambias de postura lentamente. El tatuaje de tu cintura queda al descubierto y mi mirada queda clavada a fuego en ti. De nuevo el fino silbido vuelve como hilo musical de la habitación y ya no puedo parar de sonreír.

Lagunas. Grandes lagunas en la noche. No recuerdo como comenzó todo. Solo recuerdo verte por casualidad. No recuerdo que me dijiste. Solo recuerdo chupitos de tequila y apuestas socarronas de quien podía beber mas. No recuerdo tu barrio...Solo recuerdo conversaciones agiles y carcajadas sonoras. No recuerdo tu calle. Solo recuerdo besos húmedos y tu piel caliente. No recuerdo tu portal. Solo recuerdo volar contigo encima de esta cama.

La habitación es un rectángulo de unos 10 metros cuadrados. Techos altos y vigas de madera. Solo hay una espartana bombilla que hace de lámpara. Dos paredes están pintadas de un azul celeste y las otras de blanco crudo. Reminiscencias de la bandera argentina pienso. La pared de la derecha tiene una inclinación de unos 45 grados, lo que me hace intuir que estamos en un ático. Unas ventanas tragaluz  en el techo dejan pasar los rayos del sol y creo que son la causa de que me haya despertado.

De frente veo una estantería de IKEA llena de cosas de Maria. Me incorporo desnudo y ojeo las baldas. En la primera libros de periodismo llenos de polvo. Libros en desuso. Libros usados. Usos en desuso. En la segunda una pila de CDs: Loquillo, Calamaro, Jaime Urrutia, Quique Gonzalez, Ariel Roth, Leiva, Andy Chango….Ni uno es original. Bueno miento, solo uno, Estadio Azteca en directo desde Luna Park. No hay ningún disco en inglés, pero me gustan todos. Debajo de la música viene la colección de DVDs. Balda tres, sección Clásicos Argentinos: Martinh, Nueve Reinas, Historias Mínimas, El mismo amor la misma lluvia, Tiempo de Revancha, Kamchatka, Esperando a la carroza, Caballos Salvajes… Barbará colección pienso. Se me está pegando el acento argentino y eso que soy de Moratalaz. No quiero mirar la balda 4 ni la 5 que están repletas de cajas de CDs. Solo espero que no le gusten las películas de Jennifer Aniston ni las películas de Van Damme. Prefiero mantener la imagen idílica de mi Maria. Aunque no me importaría ver los clichés románticos y los golpes sin sentido.  A la izquierda hay una colección de fotos pegadas a la pared. Fotos de muchos tamaños. Pegadas sin ningún orden. De forma aleatoria pero con estilo. Un cuadro vital en construcción. Construcción de momentos vitales. Veo su cara sonriente en todas ellas. Buenos momentos. Momentos para recordar. Recordar y no olvidar. Había visto muchas veces a Maria llorar discretamente en la esquina del restaurante donde trabajábamos. Yo me acercaba a ella e intentaba animarla, hacerla sonreír, que las lagrimas no fueran tan amargas. Disfruto viendo sus carcajadas sonoras grabadas en aquellas fotos estáticas.


Sobre la alfombra junto a la cama esta mi pantalón, un metro más allí mi camiseta. Veo mis zapatillas junto a la puerta. Cruzo la puerta y mas allí junto a la tele esta mi ropa interior. No lo entiendo muy bien, pero parece que dimos un par de tumbos por la casa. De la cama al sofá. Del sofá a la cama. El resto de la casa es una sala de estar con cocina más pequeña que la habitación. En la pared hay un cartel del Che. Como podía faltar en la casa de mi María la revolucionaria. Junto a él hay un pequeño cartel electoral de Esperanza Aguirre que pone “Centrados en ti” con un pequeño tunning, el ti esta tachado por un mí y ella tiene unos bonitos cuernos al estilo diablesa, un diente negro y alrededor de su cara una diana que deja claro que esta en el punto de mira. Mi sonrisa se desata en carcajada.

El suelo esta pegajosa .Junto al sofá viejo y rayado hay una mesa baja llena de botellas y vasos. Un cenicero lleno de colillas parece que sigue humeando junto a una bolsita de marihuana y filtros de tabaco. En la otra pared hay un viejo frigorífico. Abro la puerta curioso y cuando veo que solo hay dos limones resecos en la última balda, una voz interrumpe mi investigación:

-       ¿Tienes hambre, Ricardo?- me dice melosa Maria.
-       …..- me quedo en silencio asustado como si me hubieran pillado robado un banco.
-       ¿Ricardo??- me vuelve a decir Maria
-       …..-mis cuerdas vocales están paralizadas por el miedo y no consigo decir nada
-       ¡Vuelve a la cama, tonto! – me replica Maria
-       Si- Le digo mirándole a la cara  con una sonrisa de oreja a oreja
-       “¿Estas contento, Ricardo?- Me dice Maria sonriendo con una mueca burlona.

-       “Si” - le respondo agarrándole la cintura y lanzándole contra la cama.

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