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miércoles, 28 de octubre de 2015

FIN

PROLOGO

Ayer una señora con aspecto de tierna abuela apoyó su mano sobre mi hombro y me preguntó: "¿Estas triste? Siempre escribes cosas tristes" Yo  le respondí que no estaba triste, y le explique que lo que pasaba es que ella vivía en tal estado de máxima felicidad que nos veía a los demás en un falso estado de tristeza. La pregunta es verídica, pero la respuesta es ficción. En realidad no supe que decir, puse cara de sorprendido, solté un lacónico: "No" y fije la mirada en la pantalla de mi ordenador esbozando una mueca de sonrisa.

A continuación el relato que provoco el momento.


FIN



Trece días bajo la niebla fría de tu ausencia. La cremallera de mi abrigo no cierra. Agarrotado e incapaz de dar un paso adelante. Neutralizado por el recuerdo de tu sonrisa. La apatía me supera y la tristeza se adueña de mi cuerpo. Mente en blanco y vacío en el estomago. Parado ante el espejo me repito: “¿Como pudo suceder?".

El temor a la llegada de la palabra fin siempre acechaba detrás de cada tarde de domingo. Miraba triste como pasaban lentamente las horas, suplicando que no dijeras esas malditas palabras de despedida. Intentando siempre falsear una verdad incomoda. Sentimientos siempre bloqueados para evitar la llegada de las sombras. Perdidos en este mar de sentimientos. Aniquilados por ese pasado que siempre recordamos. Solo nos queda el recuerdo de lo que seremos. NADA.


EPILOGO

No estoy triste. Me gustan los dramas.




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