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jueves, 17 de marzo de 2011

Desolacion

DESOLACION

Me llamo Pape y tengo 22 años. Por mi nombre creerás que no soy de este País, pero llevo aquí exactamente 22 años y 4 meses. Me siento de aquí. Lo diré mas alto. Soy de aquí. Este verano celebre el gol de Iniesta como el que más. Los cuatro primeros meses los viví protegido dentro de mi madre. Ella llego a estas tierras con muchas esperanzas y un sobrepeso en su vientre. Los veintidós años restantes he conseguido sobrevivir y no me ha ido tan mal. Mi padre no era persona grata en Guinea y a mi familia no le quedaron mas que dos opciones morir de hambre o emigrar. La elección era bastante sencilla. Buscarse la vida como sea. Nosotros no llegamos en patera como otros, entramos al país como turistas, son privilegios de exiliados africanos ante una dictadura que les perseguía. Pero aquí da igual como llegues. Tu DNI es el color de tu piel y hagas lo que hagas estas marcado.

Mi padre ha trabajado siempre en el campo y nosotros hemos ido detrás de el. En junio la patata, junio la cereza, julio el tomate, luego la uva , la naranja...Nuestro carrusel recolector no paraba de girar. Yo y mi hermana MINA nos hartábamos de comer lo que recogía  mi padre, porque siempre se llevaba una parte de la cosecha como sueldo. Mucho dinero no teníamos,pero en la temporada del cítrico devorábamos naranjas y por lo menos gracias a la vitamina C no pasábamos muchos catarros. En la época de los tubérculos, nos hinchábamos a comer patatas fritas. La llamábamos nuestra época Burger King, pena que nuestras hamburguesas fueran de aire y el ketchup no lo probábamos hasta la época del tomate. Después de una larga temporada nómada, habíamos encontrado un sitio fijo. Era nuestra primera ciudad estable en mucho tiempo, un pueblo costero cerca de valencia, con sus huertas para trabajar en época de recolecta y sus chalets ilegales a 5 metros de la costa para hacer practicas en la construcción. Siempre había un trabajillo para hacer y lo mas importante eramos conocidos por todos, nuestro sobrenombre, “los morenos”. No era en tono despectivo, aunque siempre esta el corto de mente que se reía de nosotros, pero la gente en general nos había cogido cariño. No metíamos mucho jaleo, trabajábamos como soldaditos, sonreíamos mucho y volvíamos a casa sin rechistar. Un poco de estabilidad nos había venido bien a todos, por fin habíamos conseguido un hogar de verdad.  Habíamos dejado el mundo de los barracones, de las casas prefabricadas y de los hostales de un tenedor. No era ninguna maravilla, pero era nuestra casa, 60 metros cuadrados,con 2 habitaciones, una para mis padres y otra para mi hermana y un servidor, cocina-comedor y un baño. Llevábamos once meses y 10 días viviendo allí. Poco a poco aquel recinto sin vida se había convertido en un mundo de colores, nunca mejor dicho viendo el color de nuestro piel. Nuestro ultima conquista fue el del mundo catodico, nuestra primera tele ha sido el único lujo que hemos tenido en este país desde nuestra llegada. LG 32LE4500. El modelo de la tele se me ha quedado grabado en la mente para siempre. Era nuestro primer avance hacia un mundo de comodidad que siempre habíamos soñado.


  • Pape, ¿parece que no para de llover? - Me dice con cara de preocupación Mina
  • No te preocupes , es solo una tormenta de verano – Le digo susurrándole al oído al mismo tiempo que le toco la mejilla.
  • Mañana tengo que presentar mi trabajo de ciencias en el colegio y es muy importante- me responde abriendo sus pequeños ojos todo lo que podía.

Llevaba toda la tarde lloviendo y el río que transcurría junto a nuestra casa iba cargado hasta arriba de agua marrón. Yo estaba un poco asustado, pero no podía demostrar mi fragilidad.

  • Tormentas como estas hay todos los veranos.- le dije con rotundidad

Ella me sonrió y sus ojos inocentes se tranquilizaron.
Yo nunca había ido al colegio regularmente. Mi madre había intentado siempre darnos algunas lecciones mínimas, pero no había tiempo para todo, había que trabajar. Y allí estaba yo al lado de mi padre. Al principio iba como ayudante y a medida que mis brazos se hacían mas fuertes tomaba el papel de actor principal. Ella nos enseño a leer, multiplicar y alguna cosa básica. Pero no tuve una educación en condiciones. Tampoco me hizo falta para salir adelante, era un chico avispado. Gracias a dios (digo yo que existirá alguien ahi arriba) Mina había tenido suerte, ella podía ser una chica más e iba a  tener la posibilidad de disfrutar una infancia de verdad y tener las preocupaciones reales de una niña de 8 años.

Llevaba dos semanas con su trabajo de ciencias, una maqueta del sistema solar. Me gustaba estar con Mina y ver como disfrutaba con cada momento. Hicimos un gran sol con pasta de papel, lo pintamos de un amarillo fosforito y lo conectamos a una placa de madera negra con una varilla de metal. Luego alrededor suyo colocamos todos los planetas dando vueltas.

  • Mina, mira, aquí en el ultimo planeta de todos en PLUTON hay una chica haciendo un trabajo de ciencias como el tuyo.
  • ¿Si? - Me pregunto ella con una total inocencia
  • Pues claro, tu hermano nunca miente- le dije intentando ocultar una carcajada.

Nuestra tranquilidad se interrumpe de repente, la luz de un enorme rayo se refleja por la ventana y corta nuestra conversación. Yo me quedo con la boca abierta y antes de que pueda responder un gran trueno se oye por toda la casa. Otra tormenta parece que esta en camino. Viendo de nuevo su cara de pavor, decido que es era hora de que Mina se vaya a la cama. Le arropo, le doy un beso de buenas noches y le digo que mañana es su gran día. El gran proyecto de ciencias esta cerca.

Yo no tengo sueño y decido anestesiar mi cerebro con nuestra ultima gran compra. Nuestra nueva televisión. Mi ilusión se va viniendo abajo poco a poco a medida que repaso los canales con el mando a distancia. Programas de cotilleo. Gritos y discusiones. Call Tvs que me dicen que llame a un 906. Escenarios de Cartón. De repente encuentro algo que me gusta. Una película del Oeste. Pero mi alegría dura unos minutos. Anuncios. Los parpados comienzan a pesarme y no me puedo levantar del sofá. Me duermo profundamente .

Noto que mi mano esta mojada. Durante unos segundos pienso que es un sueño. Pero al momento se oye un estruendo fuera de la casa. Me levanto aturdido y miro por la ventana. Un gran lodazal marrón se esta llevando nuestro coche, lentamente a cámara lenta como si de una cinta mecánica se tratara. Dudo unos segundos. ¿Es un sueño? Me golpeo las mejillas con mi mano y noto que es verdad. En ese mismo instante veo como nuestra vieja puerta de madera, que era el siguiente elemento a cambiar en nuestro viaje hacia la prosperidad, se resquebraja por su base y empieza a brotar agua marron. El agua se va acercando como una ola, hasta que llega a mis pies descalzos.


-¡Mina, Papa, Mama, salirrr!- grito lo mas alto posible.

Veo aparecer la cara de mi padre con cara de terror y al abrir la puerta de su habitación el chorro de agua marrón invade cada esquina.

-¡Minaaaa!- grito con todas mis fuerzas

Corro sin control hasta la puerta de su habitación. Doy la luz y veo que no se ha movido de la cama.

  • ¡Pape, tengo miedo! – me dice al mismo tiempo que la agarro en mis brazos.
  • ¡Pape, tengo miedo! – me repite
  • Mina tranquila estoy aquí- le digo saliendo de la habitacion atrompicones

Es hora de salir de aquella ratonera. Estoy descalzo, pero no pienso en buscar unas zapatillas, solo pienso en huir. Le digo a mi padre, “¡Vamonos ya!!!” e intentamos sin éxito abrir la puerta de la casa. Es como la pared de una presa, al otro lado hay una masa de agua haciendo fuerza y poco a poco va entrando en la casa por la base. No lo pienso un segundo, coloco sobre al agua a mi hermana y cojo un pico de obra de nuestros  trabajos en la construcción. Comienzo a golpear la puerta. Y cada golpe que doy en ella se convierte en una nueva puerta de entrada del agua marrón. Mina llora desconsolada. La miro. Me quedo paralizado unos segundos, pero sigo en mi tarea de tirar la puerta abajo. Un, dos, tres golpes. La puerta se resiste, los músculos se ponen duros y mi padre me mira con cara de incredulidad. No nos puede estar pasando esto. Saco fuerzas de flaqueza y pienso en mi peor enemigo. Golpeo una y otra vez y consigo que la puerta caiga. Al fin vemos la luz para escapar,pero todo se convierte  en una tumba de barro y lodo que entra como una cascada en la casa. Veo como se lleva a Mina y desaparece bajo el manto barro. Me muevo eléctrico y rebusco entre el lodazal hasta que encuentro un bulto. Es Mina, esta aturdida y no para de toser por el agua que ha tragado. La cojo entre mis brazos y salgo fuera de la casa. Nos refugiamos en un pequeño montículo a unos metros de nuestra casa. En esta pequeña isla estamos a salvo y parece que de momento el barro no llegara a nuestro nivel. Mi madre me mira con lagrimas en los ojos. Mi padre no llora, el nunca llora, pero veo por primera vez en mi vida síntomas de flaqueza en su mirada. Me doy la vuelta y veo como el torrente de agua se esta llevando todas nuestras pertenencias. Veo trascurrir entre el lodo, el trabajo de ciencias de Mina. La aprieto a mi pecho para que no lo vea. Ella también llora y solo es capaz de decir: “Pape, pape....” En ese momento veo como mi gran compra, mi tele, sale a toda velocidad entre un río de piedras. Veo como se aleja, como se va descomponiendo, como se va haciendo trizas, hasta que no queda nada. LG 32LE4500. No se me olvidara.

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