Follow by Email

martes, 19 de diciembre de 2017

CAMBIO DE VELOCIDAD


Cambio de Velocidad

Nunca un fui un tipo valiente. Siempre dando la cara. La otra mejilla ya no. Adalid de los perdedores. Rozaduras en el alma. Caricias de acero en la sien. Correr es de cobardes. Parar es para gente sin entretelas. Agujeros de Gruyer en el corazón. El corazón me pide vacaciones, dice que no aguanta más mentiras. Tiene agujetas de tanto tirar y recoger la toalla. Cenizas que solo arden. Maratoniano de salón. Esprintando hacia ningún destino. Pocas palabras. Tu silencio hace juego con el mío. Cobardía vestida de falso héroe. Ponerse a tiro de ti. Daño colateral no identificado.

Escapada hacia delante. Cansado de correr en la dirección equivocada. Cuando perseguir el objetivo te vuelve perezoso, solo queda atormentarse baja tierra con tu manta en una tarde domingo. Comer comida basura como si no hubiera mañana. Ver películas malas. Comida aún más grasienta. Los domingos me suelo jurar qué cambiaré de vida. Olvidar lo que bebiste ayer y esperar impaciente que empiece ese maldito lunes. Vida a cámara lenta. Un caracol en su travesía por el desierto. Los lunes al sol. Sacar los cuernos de mi caracola. O permanecer dentro de ella. Sinceramente nada importa.

Pero algo cambio ese detestable domingo. Los cabellos rubios de la onubense con sonrisa contagiosa se cruzaron en tu camino. Y los rayos violetas apuntaron a tu cara. Se acabó soñar despierto. Era el momento de aletear. Despertar de este maldito sueño. De salir ahí fuera, de sacar tus cartas a pasear y asaltar la banca. Tus zapatillas voladoras te llevarían al séptimo piso de aquel viejo edificio en el que nunca pudiste entrar: EL EMPIREO. Eres luz, nadie puede hacerte sombra. Las puertas cerradas se hacen transparentes. El bosque de tormentas escampa. Los vientos huracanados amainan en brisa. La misma lluvia no moja tanto, el mismo amor ya parece otro.

Escapada hacia delante. Mis pies no tienen dueño. Saltar las baldosas de tres en tres. Siempre viajar por el camino de baldosas amarillas. Las caricias son egoístas y los roces generosos. Besos sin fin y finales a besos. Las cicatrices se cierran. La piel olvida. Dispuestos a empezar de nuevo. A llenar el saco de la vida. A reponer ese hueco que se quedó vacío. Ni medio lleno. Ni con un poco de ti. Vacío. A vacilar al destino. A cerrar todos los bares. A cargar tu revolver. A besar sin control. A no tener miedo a nada. Nada. Justo lo que había en mi corazón. Había.



Hacia la luz





RecorDanDo momentos de pasión
DeseoS OScuros que apaciguan el hambre
Enredando   DOlores  EnlatadOs en mi corazon
DE  placER DE hEDor a podredumbre

EnCerrado en las miradas de acERO  DRenadas por el miedo
DOnde SE Notan las vibraciones de la gran Ola de dOlor
El pudOr OlvidadO Es abduciDO por el querer
Donde   DEjamos nuestros    DOlos
NO  HaBRa   Caidas   De nuevo
RESucitar, Renacer, COntando  DE nuevo los segunDOS
SEguro, levemente HEriDO, pero dispuesto a saltar

miércoles, 22 de noviembre de 2017

V DE VICTORIA

Andrew Wyeth - “El mundo de Christina” (1948, témpera al huevo sobre tabla, 82 x 121 cm, MOMA, Nueva York)

V De VICTORIA

Hoy iba a ser un buen día. Volver a sonreír. El  ayer estaba olvidado. La tristeza miraba para otro lado. Esta mañana no caería de nuevo. Levantarse y volverse a levantar. Resbalar de felicidad. Anoche sentí de nuevo que todo iba a desparecer. Tropezar con tu sonrisa. La piedra no puede volver a caer en el charco cristalino. Trastabillarse en el alambre de la fortuna. Es el momento adecuado. Los abismos ya no me asustan. Las tormentas estas lejos. Solo escucho el susurro de la lluvia tumbada en mi habitación. Es la hora de los valientes. Es  el día de la victoria. V de Victoria.

Sudor y lágrimas. Vestido rosa ajustando a mi cintura. Las algas se nos enredan en los pies. El cinturón con falsos brillantes brillantes me aprieta el abdomen. Las algas mueren. Mi peinado con moño y alfileres de la tienda de ultramarinos. Las algas se pudren pegadas a nosotros. Mis zapatos de ante grises que compre en el mercado de la primavera. Algas que mueren al mismo tiempo que yo. Mis calcetines cortos con estrellas. Estrellas soñadoras. Un quiero y no puedo. Yo no respondo. Inmutable. Quieta. Inmóvil. Mis manos rojas ya no tienen replicas para  tanto dolor. La pulsera de cuero rojo me roza la muñeca. Suspiro. Resoplo. Grito. El anillo que me dejo Madre lanza reflejos rojizos que me recuerdan su mirada. Mi cerebro manda impulsos a mis brazos, pero estos me han dejado de querer.  Cada vez que intento moverme una punzada como un arpón me hace gritar de dolor. Las medias de verano se rasgan arrastradas por la maleza. Solo consigo dolor. Dolor impasible. Dolor sin solución. Muerta de cansancio, caigo derrotada y me desmayo.

Solo queda volver a respirar. Volver a vivir. El aire atraviesa mis pulmones como una daga y una luz se enciende en mi iris. He vuelto. Visibles y lejanas permanecen intactas las afueras. Estoy tan cerca y tan lejos. Tan fuera de mi que creo verme desde aquella nube quebradiza. Tan dentro de ti que nadie puede entrar en la cueva de mis negros nubarrones. Mi hogar esta ahí. Alargo mis huesudos brazos. Siento que  puedo tocarte. Que te puedo sentir. La vida esta a un paso. Un paso en falso que me hace caer.

Esa soy yo. Una naufraga en una tierra de malas hierbas. Hierbas que serán devoradas por los animales. Animales nocturnos que devoran mi cabeza. La velocidad crucero de nuestro barco adormece los sentimientos. Escaleras que no llevan a ningún sitio. Llaves que no cierran y que solo abren una prisión. Sabanas que llevan a calabozos blancos. Los triunfos que consisten en sumar dos derrotas. Mi abismo da vértigo. Mucho vértigo. Dos pasos hacia delante y tres hacia atrás. Como los cangrejos. No avanzo. La luz del túnel se ve más lejos. Todo permanece en el silencio de una canción antes de que la siguiente empiece a sonar. Se me encoge el  corazón, que cobarde él,  se intenta escapar de mi pecho. Algo en mi interior esta roto. Una herida interior que no para de emanar líquido de color rojo. Luces apagadas que no permiten ver en la oscuridad. Siempre de camino a nuestra casa cerca del cielo.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Hombre pegado a una cabeza



Esta es la historia de un hombre que sufrió de una cabeza gigante.  De bébe sus tías le decían que iba a ser muy inteligente con ese artefacto craneal. A ministro llegará seguro clamaban en sus corrillos. Pero luego cuchicheaban entre dientes que en la frutería había sandias más pequeñas y que aquello a lo que llegaría sería al circo de los horrores. De niño le decía a su madre:  “Mama en el colegio me llaman cabezón” y “¿Tu no les persigues?”: le reprendía la madre”. “Si, pero se meten por calles estrechas”: le respondía el muchacho avergonzado. En su juventud siempre sufría de piojos. Aquello era una gran llanura por descubrir para aquellos pequeños insectos. Manolo, el dependiente de la droguería siempre tenía preparada un jocoso comentario dedicado a tan descomunal cabeza. ¿En que kilometro tiene su hijo el piojo? Su hijo tiene tres piojos y en dos meses todavía no se han encontrado. El joven no podía más que mirar al suelo y enrojecer sus mejillas avergonzado. Pero el tiempo fue pasando y el cuerpo del hombre se fue adaptando a la cabeza. Y esa cabeza tan grande había guardado todos los recuerdos. Sus manos de niño se convirtieron en extremidades fuertes y rugosas como los hombres de campo. Apretaba sin parar sus grandes dedos cuyas tabas estruendosas generaban una banda sonora de venganza. El rencor acumulado salió hacia fuera en forma de una frondosa barba. La rabia ante las burlas se manifestó por el canalillo de su camisa emergiendo de su pecho una generosa mata de pelo. Sus piernas en forma de pajitas de refresco se transformaron en robles altos y frondosos.  Buenos días Manolo, venía a ver si le quedaba pomada para golpes, creo que le va a hacer falta. ¡Gulliver, cuanto tiempo sin verte, conozco a tus padres desde pequeño, no me hagas daño por favor!

Esta era la historia de una cabeza gigante que sufrió de un cuerpo de hombre minúsculo. La cabeza intento llevar una vida normal, pero siempre echaba de menos un brazo lo suficientemente largo que llegara a cualquier kilómetro de su cuero cabelludo. Siempre era capaz de ver su minúsculo cuerpo en el espejo, pero no existía cristal que reflejara todo su cráneo. Nunca encontró un peluquero que le quisiera cortar el pelo y siempre tuvo que tirar de un amigo jardinero que le rasuraba al uno con su cortacésped. Siempre quiso visitar mundo, pero no había puertas de autobuses que podría pasar, ni control de seguridad de aeropuertos que podría superar. Siempre intento llegar a los sitios caminando, pero sus pequeños piececitos no podían aguantar tanto peso, sus zapatillas se derretían sobre el asfalto y solo le quedaba retirarse como soldado herido a su guarida. Vislumbrar el mundo desde su sofá. Pero llego el día en el que se pinchó el globo y aquella cabeza se hizo pequeña. El cuerpo minúsculo perdió su faro craneal y fue sustituido por una pequeña canica. El decidió poner sus cartas en juego. Pero nadie se fijaba en él. Se convirtió en el hombre transparente. Se lanzó a una escapada hacia delante y viajó por el mundo en el hueco de los ceniceros en desuso de los aviones. Después de varias vueltas al planeta terráqueo, aburrido, decidió parar unos meses en un pequeño pueblo llamado Lilliputh.


Y esta es la historia circular en la que lo pequeño se hace grande y lo grande se hace pequeño y en la que la cabeza gigante se junta con el cuerpo pequeño para ser contado a los niños.

lunes, 13 de febrero de 2017

Hoy es tu dia de suerte

“Se busca persona tranquila. Buen compañero, activo, inteligente y deportista, pero que no sufra con la derrota”. Nada más.  Malditos anuncios de empleo. Parece más bien un anuncio de chico busca chica. Pero no tenía nada mejor que hacer y estaba harto de los trabajos de comercial a comisión. Eso sí que era una derrota constante y sufrida.

Llegue a aquel edificio acristalado  y una señorita me indico que esperara en un sofá de eskay. A los pocos segundos apareció Jesús, mi mentor, me estrecho la mano y en cinco minutos era uno más de la empresa.

En tiempos de crisis solo queda como herramienta de lucha una sonrisa. Solo queremos momentos felices. La gente tiene que olvidar sus problemas. Yo soy feliz el día que gano algo. No por el premio. Solo por el mero hecho de ganar. No te das cuenta, que la gente sonríe cuando le llega una carta al buzón en la que pone: “Has sido premiado”. No importa cual sea el maldito premio. Pero yo he ganado y tu no.  Incluso sonríen cuando les llega un email a su correo con la palabra sorteo. Ha entrado en el sorteo de un viaje a ninguna sitio interesante con nada que hacer. Pero yo  quiero ir. Y si me toca a mí, voy a ser más feliz que tú. No te das cuenta que tu hermano dormía feliz cuando te comía esa ficha en el parchis o te ganaba al mus con un ordago en la última partida. La gente quiere olvidar a su jefe, su hipoteca, los gritos de su mujer, los ronquidos de su marido, los deberes de sus hijos, los dolores de cabeza, no llegar a fin de mes. Todos buscan una vía de escape, disfrutar de una sonrisa con la victoria aleatoria al juego menos interesante ante el rival que menos importe. Pero ese día miraran al techo de su habitación y dirán: “!He ganado!”.

No entendí nada lo que me dijo Jesús. Pero el discurso me entusiasmo. Estaba harto de intentar verdes bikinis a esquimales y abrigos de vison a veganos en verano. Cuando Jesús me puso el contrato delante de mí y me dijo:  ¡Salta! Yo respondi: “¿Hasta donde?”  Sin pensar. La suerte estaba echada. No había marcha atrás.

Empecé con trabajos esporádicos por horas. Solo tenía que presentarme los martes y jueves en las pistas de tenis y jugar contra rivales que no conocía. Me lo podía haber tomado como el resto de trabajos de mi vida. Con plena apatía. Pero me gustaban las películas épicas. Siempre empezaba fuerte. Tiraba mis mejores reveses. Grandes mates. Dejadas a la red. Notaba la cara de desesperación del rival. Pero poco a poco me iba deshaciendo como un azucarillo en el café. Mis errores aumentaban. La sonrisa del rival iba en aumento. No era un sparring que se dejaba ganar. Era un ganador que sabía que punto fallar  para que ese deportista de sofá se viniera arriba. La tensión siempre estaba asegurada. El rival ganaba, pero sudando la gota gorda y notando que había tenido un enemigo que le había podido vencer. La victoria sufrida es más victoria.

Las mujeres de mis rivales llamaban a la empresa y preguntaban que había pasado ese día, que su marido no había hablado de trabajo y estaba encantador.  Jesús me programaba más y más partidos y yo veía la luz con mi trabajo. Nunca sentí una derrota tan sabrosa. Nunca saboree como en este trabajo los fallos. Nunca ser un perdedor nato en la vida me había servido para triunfar como ahora.
Pasado un  mes ascendí a la sección de juegos de equipo. Y como siempre cuando no todo depende de ti, la derrota se hacía más complicada. Siempre me encontraba con compañeros de empresa que no sabían perder y que no acompañaban con sus instrumentos en nuestra sinfonía de fallos. Siempre tenía que ir como un bombero apagar el fuego de la victoria para hacer ese penalti absurdo en el último segundo. Para cometer esa falta técnica en la bombilla del campo de baloncesto que incitaba  la remontada del equipo rival. Siempre mandaba repetidas veces la pelota contra el cristal en la pista de padel cuando veía que mi compañero se venía arriba contra su antiguo amigo que le quito una novia. Siempre surgía un problema que se interponía hacia la derrota y siempre aparecía yo y lo solucionaba para perder. La leyenda empezó a crecer. Yo era el perdedor ideal que siempre llevaba a su victoria.

Pero todo cambio cuando llegue a la última planta de la empresa. La que daba dinero de verdad. La que estaba cerca de las personas que manejaban billetes. El primer mes te llevan a partidas de ajedrez, parchis, monopoly  y yo seguí con mi estela de perdedor luciendo en mi cielo estrellado de derrotas. Pero mi ascenso meteórico se encontró con el peor de mis rivales. Los juegos de azar. Solo tenía que conseguir que mis rivales en los casinos ganaran una partida para que no se hundieran y siguieran jugando. En un principio todo iba bien. La derrota parecía pegada a mi sombra. Pero llegó un largo mes de victorias. Siempre ganaba al negro en la ruleta. Y si cambiaba al rojo, lo que veía negro era mi futuro en la empresa. No había salero que derramar. Siempre me llegaba la maldita 7 y 1\2 cuando me jugaba todo a una carta. No había escalera por la que pasar por debajo.  Siempre aparecía  otra escalera, pero esta vez de color que ganaba al full en el  póker.  No había gato negro que me parara.  Siempre conseguía ese maldito 21 al blackjack. No había paraguas abierto bajo techo que me detuviera. La suerte me visitaba cada día en este trabajo de perdición.

Jesus me ha dado un ultimátum. Ya no cree en mí. Hoy es mi última oportunidad. La buena suerte me acecha. He pasado a la sección de actividades de alta riesgo. Me ha dicho que solo los valientes aceptan estos trabajos. Mi cuenta de ingresos esta en rojo. Noto un sudor frio en la espalda. Ha llegado mi turno. Solo tengo que confiar en mi mala suerte. Un ucraniano sudoroso acaba de mostrar la suya y ha pegado un grito liberador. Solo tengo que perder y mi leyenda resurgirá de nuevo. Coger el revólver y apretar el gatillo. Pasados unos segundos decidiré si he tenido buena o mala suerte.


martes, 15 de noviembre de 2016

Los exiliados romanticos






Tonos grises y paredes descorchadas. Julián parece yacer más que descansar sobre un improvisado somier hecho de palés de madera. Tumba en vida. Vida camino de la tumba. Como adorno a su raído mueble, unas puntas dobladas distribuidas de forma aleatoria,  y que muchos días en sus andares nocturnos habían dejada marcada su piel. Por lo menos no estaban oxidadas le solía decir Natalia. El buen conformar. En una esquina una estufa que compro en cash-converters por 20 euros. Paradojas de la vida se parece mucho a una que tenía en Madrid y que también empeño para comprar la gasolina que le diera un impulso para avanzar en su aventura que le ha colocado en Berlín. Con una mano delante y otra detrás. La clave era avanzar, pero avanzar a ser posible pero sin dejar puertas entreabiertas. No había marcha atrás. Camino sin retorno. Así que vendió todo lo que le pertenecía y también lo que no era suyo. Adiós libros prestados por amigos. Adiós tele que le dejo su prima. Adiós amigos. Adiós recuerdos. Hola nueva vida. Hola futuro incierto. Se compró un billete lowcost, voló agazapado entre dos asientos que no le dejaban respirar  y aterrizo en aquel cuadrilátero a la que le gustaría llamar habitación. Así están las cosas, no da ni para una habitación de invitados. Vuelos altos y aspiraciones por los suelos. Poder aspirar se había convertido en intentar sobrevivir. Un pseudo pasillo habitación era donde vivía. Es algo temporal, pero él sabe que la temporalidad se va a convertir seguramente en estacionalidad Aquello era una ratonera. Subsuelo. Con los muertos. Pero estaba bien comunicada y la compañera de piso era perfecta. Natalia.
Su amiga de la infancia. Su confidente y su amor platónico nunca reconocido.
-Julián, me voy – Le dijo Natalia dando una suave palmada en la espalda.
Julián intento devolver un “buenos días”, pero algo inteligible salió de sus labios. Se dio la vuelta y vio a Natalia de cuclillas apoyando su mano sobre su cama con una mirada burlona.
-         ¿Resaca? – le dijo Natalia sin poder esconder una sonrisa
Julián busca una botella semivacía que también yacía semiherida junto a su cama, le da un sorbo y le dice.
-         No estoy bien, me levanto y voy a buscarme la vida en seguida.
Natalia cierra la puerta de casa y Julián se queda allí solo. Se sienta en el borde de la cama. Una brisa fría le escupe la espalda. Recoge su manta del Ikea y se la pone sobre los hombros. Es la viva imagen de un refugiado que llega a la costa en patera y le ponen una manta térmica. Sin destino. Exhausto. A la deriva. Pero en el lugar adecuado para prosperar. Se atusa su pelo alborotado y recuerda la larga conversación regada con vino que tuvo en la cena de ayer con Natalia. Después de recordar y garabatear los recuerdos vividos entre los dos y tras descorchar la segunda botella de vino tinto de Uruguay que estaba de oferta en el súper, la conversación paso a temas transcendentales:
-         Somos exiliados, como nuestros padres que emigraron en el 39 de España, nos han echado de nuestro país- le dice a Natalia exaltado.
-         Bueno nuestros abuelos emigraron más bien por causas políticas.- le puntualiza ella siempre dando su tono cabal y con los pies en la tierra.

-         Y que es más política que la economía- le reprende- nos han cortado las alas, las ganas de vivir, las vías de escape y nos han obligado a emigrar.


-         Bueno tal vez ha sido la mejor solución- me dice Natalia mirándome a los ojos.

-         Somos exiliados, sí, pero exiliados diferentes a  nuestros abuelos. Exiliados románticos, a pesar de las dificultades, siempre iremos al encuentro de nuestro amor idílico y a la vez efímera, con la única misión de sorprendernos a nosotros mismos y de seguir sintiéndonos vivos. Como lo que he hecho yo contigo.- le dice Julián con los ojos brillantes.


Julián no puede más que sonrojarse ante tal recuerdo en su cabeza. Vergüenza ajena total. Una necesidad extrema de meter la cabeza en el suelo como un avestruz. Maldito alcohol que hace rebrotar las cloacas de sus sentimientos.
Julián coge su cazadora de invierno, sus botas raídas, le da otro sorbo a lo que quedaba de la botella de vino que había  sobre la mesa y abre la puerta de aquel lugar llamada hogar. Gente corriendo a izquierda y derecha. Ve primero ese cartel gigante de U-Van, luego ve el nombre de la estación PANKOW y finalmente el cartel de AUSGANG. Maldita Salida. NO HAY SALIDA. 


Texto originado de la fusion de dos momentos:

1. La Pelicula: Los exiliados romanticos. http://www.filmaffinity.com/es/film193161.html

2. La noticia. Descubren habitacion amueblada en el metro de berlin

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Discurso Boda Txopo y Monica

Iker Fernandez Lopez Ruiz Lopez de Chazarreta. Alias Txopo. ¿Está presente? Esta frase la he escuchado durante todo mi vida en parvulitos, EGB y el instituto. Y Amante mío, como decía tu abuelo, me sigo acordando de los 4 apellidos.


Hoy creo que aparte de ser un día bastante especial para ti y para Mónica hay que recordar que es tu cumpleaños. 38 años y 35 años por lo menos a tu lado. Parece que soy tu ex novia despechada o la amante en la sombra. Zorionak Iker! Felicidades Iker! Como a partir de ahora tu cumpleaños va a pasar a ser algo secundario, creo que hoy habrá que celebrarlo con ganas. Como sino hubiera mañana. Carpe Diem. Tempus Fugit. Hay que celebrar tu último gran cumpleaños, soltero por la mañana y casado por la tarde, y el aniversario cero del comienzo de la mejor vida posible junto a Mónica.
Nuestra relación empezó  en la guardería. La primera vez que me preocupe por ti, yo tendría 4 años. Empezamos pronto con los dramas. Estaba jugando con la plastilina en mi mesa de la guardería y no llegabas a tu hora como todas las mañanas. De repente apareciste por la puerta con la cara totalmente hinchada. Te había dado una alergia por unas pinturas que habíamos usado el día anterior. Tras los primeros gestos de sorpresa, te sentaste a mi lado y te pase mi trozo de plastilina como si no hubiera pasado nada. Y desde entonces siempre ha sido así, pase lo que pase siempre hemos estado juntos, uno al lado del otro.


Entre la Calle Valderrey 49 de  MADRID y la calle Bulevar de Mariturri 40 de Vitoria hay exactamente 345 kilómetros y 3 horas y 17 minutos en coche. O por lo menos eso dice el GoogleMaps. Podíamos haber buscado 345 excusas baratas para dejar de hablarnos. Repetir 345 veces “Ya quedaremos”. Pensar 345 veces “Madrid/Vitoria está muy lejos”. Pero no lo hicimos. Ha pasado el tiempo y nuestra amistad no solo se ha mantenido, sino que ha mejorado, se ha modulado y los altavoces de la felicidad resuenan a todo volumen. Es vuestra casa y mi casa. Puertas abiertas para alegrías y sollozos. Para momentos buenos y malos. Para carcajadas y confidencias. Para reírse y para discutir. Para la vida misma sin tapujos. Pero eso sí, siempre nos mantendremos comunicados, conectados y abrazados, porque te recuerdo que solo son 345 kilómetros y 3 horas y 17 minutos. Solo eso. Espacio y tiempo.  Tiempo tenemos suficiente, más o menos lo que nos aguante el hígado y el espacio se hace más corto con el vagón cervecero del ALVIA. Solo nos falta para que el viaje sea perfecto que nos sirvan MAHOU en vez de esa pseudo cerveza llamada Cruzcampo.


Eres más que un amigo en la distancia. Eres:” EL AMIGO”. En mayúsculas y negrita. Pasará lo que pasara tu siempre has estado ahí. Pase lo que pase yo siempre estaré también. El amigo fiel. El amigo sincero que dice las cosas a la cara. El amigo que no está, pero que siempre se nota su calor. El amigo que no tiene miedo a nada. Siempre escapada hacia delante. Sin miedo al futuro. Sin miedo al puto miedo. El amigo experto y seguro,  al que siempre puedes preguntar tus malditas inseguridades y problemas. Siempre con una respuesta. Hay que ser feliz. La seguridad escenificada en una persona, aunque probablemente por debajo te tiemblen las piernas. Eres “La FURIA” con tu frase “Estoy muy loco” y en 5 minutos mutando a un oso de peluche pidiendo un abrazo. Caricias y golpes. Puños con guantes de seda. Boxeador que siempre quiso probar el ballet. Eres el prototipo de durezas sensible que con tus patillas imitas a tu ídolo Loquillo, eres una rock star y por ello te cantamos:


Has tenido suerte de llegarme a conocer 
creo que a nadie le gusta el nacer para perder abrirás una revista y me encontrarás a mí debo ser algo payaso pero eso me hace feliz.

vas a ser una Rock & Roll star


Uhu uhu, uhu nena,

vas a ser una Rock & Roll star

Uhu uhu, uhu nena,

vas a ser una Rock & Roll star

Uhu uhu, uhu nena,



Si os digo la verdad. Nunca pensé que vería el día en que Iker se casaría. Pero la carta que escribiste en Florencia hace dos años a Beatriz y Dante parece que dio resultado. Está claro que nada es imposible y con un poco de ayuda e insistencia SI SE PUEDE. Pero si es que encima de rock and roll star, guapo, buen amigo y  negociante, eres culto y todo… aunque no lo parezcas.   


Pero os tengo que contar un secreto, antes de que Iker estuviera con Mónica, él estaba siempre con otra rubia. Una rubia dorada. Con curvas. Siempre a punto. Con su vestido rojo. Con sus tatuajes hippies de estrella. Siempre que terminaba con ella, al día siguiente ella retornaba, volvía aparecer intacta, preparada y la rueda volvía a girar. Hoy para culminar este día perfecto, la he traído desde Vitoria. Será entonces cuando realmente serás feliz y te sentirás completo. Tu cerveza MAHOU. Nuestro azafato Iker os lo va a llevar y espero que repartas tus besos entre ella y Mónica. Bueno realmente he traído 2 una para Mónica y otro para Iker. Porque sé que a ti Mónica también te gusta y la disfrutas a pesar de tus celos. Un momento de atención para ver y sentir ese reencuentro y ese momento feliz con sus 2 rubias.


Me hubiera encantado el verano pasado ver desde una pequeña ventana, como el apuntador en el proscenio del teatro, como ponías el pie en tierra en el puente Vecchio en Florencia y escenificabas la pedida de mano con tu anillo de pedida en la mano derecha y tu botella de champan en la izquierda. Yo desde mi sitio privilegiado, me pondría en pie y gritaría desencajado:


Quiero quedarme a vivir en este instante. En el que la montaña rusa llega arriba Y no antes ni después. Juntos subiremos montañas. Juntos las bajaremos. Todos para uno y uno para todos.  Mónica e Iker. Iker y Mónica. ¡Felices para siempre! Un brindis por vosotros.  ¡Viva los novios!


martes, 12 de enero de 2016

Montaña rusa


Quiero quedarme a vivir en ese instante. En el que la montaña rusa llega arriba Y no antes ni después.

Cuando las botellas se abren fácil, los corchos chocan contra el techo y los vasos vacíos no existen. Cuando la música retumba y solo tu y yo nos escuchamos. Cuando los bares nunca cierran y nunca paramos de tener sed.

Cuando solo hay vasos vacíos y espero a que vuelvas. Cuando el silencio retumba y tú y yo hablamos sin escucharnos. Cuando la compañía aparta y la distancia es necesaria. Cuando nos repartimos los bares y en cada esquina hay un recuerdo tuyo.

Cuando cocino para ti durante horas. Esperando compañía con una botella descorchada. Cocina lenta a baja temperatura, que produce calor, sofocos y repeticiones. Brindamos y volvemos a brindar. Volamos sobre las sabanas y nuestros cuerpos sudorosos se deslizan sobre los muebles.

Cuando cocina para mí en unos minutos. Deseando compañía con una botella vacia. Cocina rápida, sin ganas, microondas como mi mejor amigo y frialdad cuando vuelvo a rozar tu mano. Bebo y vuelvo a beber viendo tu vaso vacío. Volamos a la cama como fantasmas y rozamos  sin querer nuestros pies entre las frías sabanas.

Cuando las caricias son costumbre Cuando todos los problemas tienen solución y la solución a todos los problemas las tenemo tú y yo. Cuando vivir rápido es nuestra forma de vida y correr hacia adelante como un pollo sin cabeza es nuestra determinación. Acelerar sin pensar.

Cuando la costumbre es no tener caricias. Cuando solo ves problemas y las causas de todos los problemas las tenemos tu o yo. Cuando retroceder como un cangrejo tal vez no es  la solución y esconder la cabeza sobre la tierra es tu única determinación. Pensar en frenar.

Cuando la vida es fácil, muy fácil, demasiado fácil. Cuando todo fluye y todo va bien. Cuando la tostada nunca cae por el lado de la mantequilla. Cuando no dudas el camino que hay que seguir. Cuando los semáforos siempre están en verde. Cuando el gato siempre tiene una vida mas.
Cuando siempre crees que te equivocas, cuando la decisión acertada siempre la rozas con los dedos, cuando solo dices porque elegí ese camino. Cuando te paras delante de un semáforo en rojo y nunca cambia de color. Cuando el gato pierde la última vida.

Cuando una sonrisa va seguida de una risa y después una carcajada. Cuando la luz del cine nos alumbra después de ver historias que ilusionan. Cuando vuelo por salir de trabajar, solo por verte llegar. Cuando las conversaciones son largas, infinitas sin fin y solo queda esperar el amanecer a tu lado.

Cuando unos ojos brillantes, le siguen una mirada al suelo y después solo hay lagrimas. Cuando 
corremos en la oscuridad del cine para que la letras no nos atrapen. Cuando busco una excusa en algo que trabajar por no notar que no llegas. Cuando las palabras son no, no se y bajo el puto silencio solo queda esperar la soledad de la luna.

Quiero quedarme a vivir en ese instante. En el que la montaña rusa llega arriba Y no antes ni después.

*La Frase de inicio y final del relato no es mia. Es de una cancion de la MODA. La Maravillosa Orquesta del alcohol.


viernes, 20 de noviembre de 2015

RIERON POR ENCIMA DE SUS POSIBILIDADES


No había solución las cuentas estaban a cero. La hipoteca sobre el crédito sobre el préstamo ,que les había perdonado el banco tres veces, ya no daba más de sí. No quedaban más puestos ficticios que crear. No quedaban más familiares que enchufar. No había más partido que refundar de la escisión de la unión de partidos de la que habían salido y fundado. No había ideología que se habría reformado, refundado y aniquilado para renacer de nuevo. La nueva política era: “Mañana pensare algo mejor a lo que decida hoy. Hoy planificare algo estupendo que mañana será una plan que cambiar”. No había calle que no habría sido reformada, levantada y rediseñada varias veces. No había club de alterne que su inspector de sanidad no habría visitado una, dos o tres veces incluso. No había cárceles que habrían podido parar a los concejales de urbanismo. Siempre surgían  nuevos actores para el vodevil del ladrillo. No había ley medioambiental que no se habría saltado para poder construir mas y mas alto, ni contrato amañado que no habría acordado con alguno de sus cuñados. El tres por ciento era una moda pasada. Los sobres habían dejado de estar en boga. Suiza ya no era su patria. No quedaba nada. Tierra yerma en la que no crecía nada. La vaca había sido exprimida. Solo quedaban los huesos. Estos huesos se habían triturado, pasado por la túrmix, mezclado con restos de aspirina y el camello de la esquina los estaba revendiendo como la nueva droga Premium que levantaba el país. Ya no inauguraban autopistas, ahora solo  quedaba cortar la cinta de mojones de carreteras comarcales. Hasta el rabo todo es toro. Marca de nación. Que su firma siempre quedara latente era causa y solución a todos los problemas. Todo olía a podrido. Ambiente nauseabundo y putrefacto. Todo lo que tocaban se volvía sucio. Estercolero en el que cada uno buscaba su agujero donde sobrevivir. Todo estaba perdido. Hasta el alguacil tercero que se encargaba de llevar los cafés había montado su negocio paralelo.  Servía cafes  irlandeses con whisky bajo manga al módico precio de tres euros. Se hacía de todo por beber para poder aguantar la vida del parlamento.

Entre toda esta fauna agazapado como una salamandra vive Carlos. Se despide de su chofer y baja de su coche de alta gama con lunas tintadas:

-      Mariano, quédate dando vueltas a la manzana, que salgo en 10 minutos.


Zapatos relucientes. Traje azul ceñido. Pelo grasiento engominado. Ojeras encubiertas por unas gafas Rayban que le restan unos cuantos años. Entra en el Bar Manolo dando un cachete en la mejilla a Kevin como el caudillo del lugar y le suelta un campechano:

 Ponme lo de siempre, majo, y no te cortes en el chupito.

Se dirige a su mesa reservada y aparece corriendo Kevin con el periódico debajo de la axila y un cortado.

-  Señor Carlos, aquí tiene su café.

Kevin se retira andando de espaldas y haciéndole un amago de reverencia.

Comienza por la última página del periódico y ve un titular. La sangre de Churchill a subasta.
Desde su atalaya reservada, le grita al dueño:

- Manolo, mira, subastan la sangre de Churchill. Te imaginas lo que pagarían por la sangre de mi jefe. -Sin esperar respuesta, suelta una sonora y brusca carcajada. 

   Manolo le devuelve un inteligible comentario asintiendo la cabeza desde el fondo de la barra.

      - Si, Manolo, si, siempre tienes  razón, si es lo que digo yo siempre hay que escuchar al pueblo- Le responde Carlos sin haber podido oír nada y continua con su rutina de la mañana

Reunión de partido. Edificio en el centro. Entrada acristalada con guardias de seguridad en la puerta y manifestación de jubilados estafados como banda sonora. Una secretaria con los labios pintados, y la falda ceñida recibe a Carlos y le coge el abrigo. Solo están diez personas de la cúpula, tres están en la cárcel, dos están huidos, uno de vacaciones y otro esta declarando su inocencia en los juzgados.

- Hay que buscar soluciones- Dice el portavoz con la voz nerviosa.

Tras unos cuantos repetidos, “No se…”, un par  “Podíamos hacer un auditorio…”,  cuatro “Podíamos apoyar más a la construcción….” y cinco “La culpa de todo la tiene la oposición”, todo el mundo fija su mirada en Carlos, el único que tenía una carrera.
Este se mesa los cabellos y apoya la pata de sus gafas en el labio en un claro gesto ensayado. Se tiene que notar su formación avanzada con  estudios en Harvard y su master en economía por Yale.

Se mantiene en silencio unos segundos y todos los demás parecen empujarle para que suelte ese secreto que mantiene en su interior. Es lo que hace un líder, mantener la ilusión antes de que este frágil castillo de naipes se venga abajo. Todo es un falso ensayo de superioridad aliñado con unas palabras que le enseñaron en el curso de oratoria de Cambridge. Vamos era un predestigitador que  hace mirar a la izquierda, luego a la derecha y en unos segundos ese conejo blanco aparece entre sus manos en forma de magistral master class de alquimista que convierte el agua en oro o tal vez en ladrillo.
Pero esta vez un leve rictus de nerviosismo en la cara de Carlos hace que el auditorio se encoja y el aplauso preparado se congela.

Carlos tiene la mente en blanco, el cerebro espeso y roído, y solo puede intentar mantenerse despierto después de una noche sin dormir con unos empresarios en una larga reunión en el Lolitas bar. No ve la luz al final del túnel y solo se le ocurre enlazar su discurso con unos comentarios superfluos y vacios acerca de la dificultad de la situación actual en la que vivimos.

Cuando una gota de sudor comienza a recorrer su frente, recuerda la frase de Churchill que había leído a la mañana con su carajillo matutino  y encadena un calcado discurso.

-“No tengo nada que ofrecer salvo sangre, esfuerzo, lagrimas y sudor”

Sus palabras resuenan en la lujosa sala de reuniones con asientos de cuero y mesa de cedro importada de Canadá.

Todo ellos se miran serios, asienten con la cabeza, se tocan la barbilla y algunos apuntan la frase en su bloc de notas que se apoya sobre un portapapeles de Christian Dior. Otros teclean el comentario en su Ipad de última generación. Tras unos segundos de silencio todos posan su mirada en el cuadro de Joaquín Sorolla que un constructor regalo al partido  y finalmente no pueden retener una sonora, común y estruendosa carcajada.