Follow by Email

martes, 11 de diciembre de 2018

Para las que vengan



Acto primero. La Reconquista

7 de la mañana. Mi mejor compañero matutino es la radio. Pero hoy sale hablando un señor que imagino barbudo y tosco. Grita desairado que hoy comienza la Reconquista. Sudores fríos por la espalda. Abolir. Prohibir. Recentralizar. Regresar. Apago con un movimiento nervioso el aparato.
  • ¿Por que lo quitas? Tenían que llegar y ya están aquí”.

Sus manos toscas como lijas me hurtan el emisor de malas noticias y lo encienden de nuevo.
Noto su aliento agrio al acercarse

- “Esto no son como tu y tus amigos, ja,ja,ja...” - Veo sus dientes grises relucir. Su carcajada me da asco. Mi garganta se cierra y la tostada se queda atrapada en mi glotis. Me levanto de un respingo y escapo. Solo se escapar. Y de tanto escapar siempre vuelvo al mismo sitio. Fugitiva circular hacia ninguna parte.

Acto segundo. La huevera.

Reviso la etiqueta de ese paquete de galletas. Nunca fui buena con los números. ¿Los buenos son los Kilo julios o las calorías? -Me interpelo a mi misma en un monologo idiota. Un olor conocido me atrapa por la espalda y un dolor agudo en el brazo me recuerda que ni calorías ni ostias. Aterrizo de golpe en la tierra y el brazo peludo me lleva en volandas.

-“Vamos Barbara, que parece que estas atontada”

Agacho la cabeza y sigo al carnero. Se para delante del pasillo de cervezas.

-”Estúpido ahora no tienes prisa. Te odio. Te aborrezco” - Mi labio inferior vibra y aprieto mis puños hasta que mis frágiles dedos dicen basta.

-“Otra vez pensando en las musarañas. No espabilas, Barbara”

Me atropella a su paso. Me trastabillo. Y solo me sale un: “Joder, Tomas”.
Me levanto furiosa con ganas de arañarle la cara como una gata en celo. Pero mi cuerpo no me obedece. Hay algo que no me deja avanzar. Una mano suave me entrelaza sus dedos. Me da una huevera y me dice: “Úsala. No estas sola”. Levanto de nuevo la mirada y la mano ha desaparecido.

Me incorporo y con la mirada perdida llego a la caja donde esta Tomas.

-¿Huevos? ¿Pero si sabes que no me gustan? Barbara estas muy mal.

Paso de largo le ignoro y deposito mi regalo en el carro.


Acto tercero. La llamada

Discusiones. Gruñidos. Soy esa actriz descolocada que nunca sale en plano. Soy la directora a la que su iluminador siempre le deja en negro. Soy la protagonista de mis peores pesadillas y lo peor es que lo he elegido yo. El detector perfecto de idiotas, unido a una esperanza inagotable de que todo ira mejor, junto a la mentalidad de sufridora de mi madre, me llevo a este calabozo de falsas ilusiones en la que lo único positivo que veo es una luz al final del túnel que me lleve al otro barrio.
Positiva que se ha vuelto una. Después de pasar mis huesos por la trituradora de la realidad solo te queda reírte. Si no me rio me muero. Y si me muero he perdido. Así que me rió y punto. Aunque corran lagrimas por mis mejillas, prefiero reír para no darme por vencida. Antes muerta que vencida. Así que ni vencida ni muerta. Ante mi destino solo me rio.
En esas que hoy toca para comer arroz a la cubana. Cojo de la nevera esa huevera olvidada que alguien me regalo agarrándome suavemente la mano. Y es entonces cuando vislumbro esos números torcidos, de trazo nervioso y que chisporrotean mi mente como si ya estuvieran los huevos en aceite hirviendo.
No pienso. Llamo. No lloro. Hablo. No rio. Me excito. No pienso. Grito. No lloro. Acuerdo la cita. Y ahora si. Rio. Rio. Y no paro de reír.

Acto cuarto. La PAZ

Suena el despertador. Sonido mortificador que me recuerda que debo seguir viva. De un codazo despierto a la fiera de sus ronquidos.
-¿Que?¿Que? ¿Que......?
El cuarto Que no lo oigo desde la cocina, pero si de nuevo sus ronquidos.
Vuelvo al cuarto y de un tirón el nórdico cae al suelo. Dejo ese cuerpo adiposo al descubierto que hasta mi sufridora madre vomitaría al verlo y le digo: “Son las 7. Levántate”

Me siento en mi mesa de la cocina. El mejor momento del día. Los 15 minutos entre que le idiota se levanta y se ducha. El ruido de la cafetera italiana. El olor de las tostadas. El roce de la mantequilla con el pan crujiente. Cerrar los ojos y notar que sigo viva.

  • Vas a perder el autobús”- Le doy el bocadillo, le abro la puerta y le apunto la puerta de salida como una azafata de vuelo.

El hace amago de despedirse con un beso. Yo le paro con la mano y le rozo con mis nudillos su cara. El idiota lo interpreta como un gesto de cariño. Cojo mi taza de café y me situó en la butaca numero 1 del pasillo que hay junto a la ventana de la cocina. El actor principal sale del portal. Aparecen unos actores secundarios con pasamontañas negros en la cabeza. Tomas se resiste. Los actores dicen sus frases sin palabras. Tomas cae. Ellos repiten su texto mudo una y otra vez. Doy otro sorbo al café. Tengo ganas de ver esta escena. Tomas grita. Las dobles ventanas amortiguan su interpretación. Este es un paso privado. Nadie te echara de menos. Nadie te ayudara. Nadie pagara mas por tu culpa. Ríos rojos irrumpen en la escena. Los secundarios rematan su secuencia con los pies. Una y otra vez. Hasta que desparecen de plano. El actor principal se queda en pause. Inerte quieto. Parece mirar a mi ventana. Parece suplicar ayuda. Cojo mi mando de la tele y bajo la persiana. Apoyo mi espalda en la pared y por fin respiro. Respiro. Respiro. Respiro y rio.


Acto quinto . Ave Fénix


He pasado media vida muerta de miedo por si perdía cosas que ya he olvidado.
Olvidar. Borrar. Desterrar.
Por no pisar a nadie, por timidez, por miedo a lo establecido nunca me atreví a bailar.
Postergar. Suprimir. Exiliar
Me creí inútil, débil, inane, incompetente, pero lo único que sufría era una nube negra que no me dejaba ver el sol.
Ignorar. Tachar. Confinar.
Soy fuerte. Seguramente igual que antes. Solo que ahora si lo se.
Reír. Reír. Reír.

Abro la puerta de casa. Es hora de sacar los colmillos.
Pero antes rescato mi huevera. El artefacto que encendió mi luz de luciérnaga.
La meto en mi bolsa de tela.
Para las que vengan.



martes, 30 de octubre de 2018

Luciernagas



Al verse en el espejo, Barbara dijo: “Esa gorda soy yo”. “Si soy yo”: repitió. “¿Pasa algo?” Apretó su cintura y una capa de sebo salio a relucir con hermosura. “No me volverás a tocar. No aguantare mas humillaciones.” Es hora de tirar la piedra sobre el enjambre de avispas. De mover los cimientos. No esconderse. Atravesaré las paredes transparentes que me tienen maniatada. No taparse. Blanquearé mis cicatrices. No guarecerse. Los tonos morados no son de este tiempo. No encerrarse. Una falsa sonrisa intenta esconder esa mueca de espanto constante con la que convive. No silenciarse. Pero las marcas profundas siempre sacaban la cabeza del agua.

Tomas cruzo la calle con los ojos brillantes. Mezcla de tristeza e ira. Se arrepentía de esa comentario a destiempo. En su bolsillo derecho guardaba huraño, un secreto, dentro de una bolsa de supermercado verde. “No me merezco esto. No he dicho la ultima palabra” Las manos le sudaban. Un carraspeo constante retumbaba de su laringe. Como un motor que no termina de arrancar. La garganta seca rozaba con su lengua y las palabras salían huecas ,sin sonido, de su boca. Como su corazón. Vacío de resonancia. Vacío de movimientos. El sístole-diastole había pasado a una aplasia disimulada. Un latido nulo que no hacia circular la sangre por su cuerpo. No había vida en ese autómata inanimado. La luz del callejón centelleaba entre negros nubarrones. El frio de la soledad hacía erizar su piel. Dio tres vueltas a la manzana. Tenia que entrar en ese portal. Apoyo su cabeza contra el cristal. Inerte. Estático. Sin mover un musculo. Noto como su corazón ahora sí palpitaba.

Barbara eligió el vestido que a él no le gustaba. Demasiado escote. Demasiado para ti. Tu tiempo se acabo. No tengo miedo. El tiempo de las luciérnagas ha llegado. Mi luz se ve de noche. Nadie soplará mis velas. Nadie pulsa el interruptor de apagado. Otras luciérnagas me han enseñado su alquimia. Una combinación de oxígeno, calcio y trifosfato de adenosina se mezcla dentro de mi, entre mi estomago y mi corazón. Sucede una reacción química, un arrebato mágico que genera una luz fastuosa. Se llama excarcelación. Redención. Se llama: “Esa soy yo”. Tiempo de hadas. Hadas gritonas a las que le quitaron las alas.



Tomas duda. Maldita incertidumbre. Siempre fue un tipo tranquilo. No era la solución. Era su decisión. La suerte estaba echada. Titubeos que te hacen tropezar. Siempre caer dos veces sobre la misma piedra. Avanzar dos pasos y retroceder 3. Maldecir la mala suerte. Cuando el único culpable es otro. Cuando el único culpable eres tu. Cuando no sabes quien es el culpable. Dispara a discrección. Lanza el tablero por los aires. Vehemencia sin sentido. Ojos hinchados de tanto llorar. Cerebro sin cobertura busca antena que le de tono. Respiración profunda que llenan unos pulmones exhaustos. Camino sin retorno. Vuelve a tocar su bolsillo y nota el frio metal entre sus dedos.

Barbara cierra la puerta con llave. Tomas entra en el portal. Ella baja los escalones de dos en dos. El mira en el buzón. Ella canturrea esa canción de Maluma que no le gusta. El nota un sudor frio en la espalda. Ella saluda a una vecina que viene de hacer la compra. El se cruza con el vecino del tercero y su perro le huela la espinilla. En el descansillo del cuarto piso se cruzan. Barbara da un respingo. Tomas balbucea algo parecido a un hola. Barbara no duda y sigue su camino. Tomas echa la mano al bolsillo. Barbara acelera el paso. Tomas revuelve el contenido de la bolsa verde con torpeza. Barbara le señala con el dedo indice: “Fuera de mi camino”.Tomas responde: “Espera”. Barbara se da la vuelta. Tomas le apunta. Ella cierra los ojos. Tomas grita: “No me lo merezco”. Barbara intenta respirar . Tomas vacila. Barbara piensa en su madre. Tomas titubea. Nunca fue un tipo impávido. Barbara sonríe. Surge la luz. Luz de luciérnaga. Fuerte. Violenta. Capaz. Tomas cae al suelo aturdido. Barbara abre los ojos. Tomas solloza. Barbara sonríe de nuevo. Tomas gime: “No te vayas”. Barbara, liberada de aquel lastre, se eleva gloriosamente hacia el lugar del que proceden los rayos. Hacia la luz.

martes, 23 de octubre de 2018

Calabacin Concentrado



Eres un calabacín insípido. Adalid de la torpeza. No vas a ser nadie en la vida. Acabaras troceado con unas verduras en cualquier callejón. Siempre ahí plantado y fijo. Estos jóvenes solo esperan ser regados y pasar los lunes al sol. Siempre se repetía, mi abuela, una berenjena de agricultura ecológica con ínfulas de clase alta venida a menos.

Paladín de la impericia. Tu color verde te delata. Estas sin hacer. Amateur diletante. Con un poco de suerte acompañaras a un buen chuletón. Pero seguro que no aprovechas la oportunidad. Te apartaran con el tenedor y morirás lentamente por la sangre supurada de esa pieza de carne. Mi madre siempre era muy agradable conmigo. Una Coliflor con dos carreras, un master y tres empresas. No soportaba que su hijo hubiera estudiado Bellas Artes. Siempre me animaba muy desagradablemente. Ella nunca confío en mí. Notaba que me miraba con cara de pena. Con la cara de un hijo que le había defraudado.
Yo era un calabacin de barrio, que trabajaba en el Carrefour y era manoseado por niños y amas de casa. Con suerte alguna vez llegaba a la casa de un vegano y era agasajado con un trato exquisito. Hotel 5 estrellas. Donde conocía a una calabaza simpática, a una lechuga muy graciosa que me abría su corazón, o tomaba unas copas con un seitan con el que había hecho buenas migas. Pero no nos engañemos lo normal era ser atrapado por alguien que realmente no te quería. Que me metía en su cesta por el remordimiento de conciencia que le producía comprar tanto azúcar y grasa. Acababa mis días solo en el fondo del frigorífico junto a un amigo limón con el siempre coincidía. Aprovechábamos a tomar las cervezas de la ultima balda y la cebolla partida por la mitad siempre nos decía que hacíamos mucho ruido.

Cada día cuando volvía de trabajar, lo malo no era recordar que mañana sería aún peor, lo nefasto era cruzarme con mi padre. Un pepino con un frondoso bigote que había llegado a teniente coronel del Ministerio de Frutas y Verduras. Notaba su rechinar de dientes cuando me cruzaba con el. Una arruga a la altura de los ojos se le aparecía y se iba alargando al oír mis pasos. Sus nudillos se tensaban y las semillas estaban a punto de salirsele por la boca. Merodeador de pacotilla. Granuja a doble turno. Sablista del futuro. El siempre muy elegante. Con su lenguaje del siglo XiX, me agasajaba con sus piropos y lisonjas.
Superheroe de barra de bar, ¿a que te vas dedicar hoy?

Esa ultima frase se me clavo en el alma. Superheroe. SuperCalabacin. Ese eres tú. Estruje mi cerebro para buscar un nombre. Pero al minuto me canse. Vi mi cara de falsa concentración en el espejo y una luz vino a mi. Calabacin Concentrado. Una mueca burlona apareció en el espejo. “CALABACIN CONCENTRADO”: grite.

Nadie más se reirá de mí. Ayudare a las ancianas a pasar los pasos de cebra. Subiré a los arboles a rescatar gatos perdidos. Apoyare mi mano sobre todo hombro que lo necesite. Dejare mi vida de cerrar bares y abriré mi corazón a los necesitados. Las mañanas no serán para estar en la cama. Volveré al gimnasio que nunca pise. Correré como sino hubiera un mañana. Mi madre coliflor por fin podrá decir orgullosa a sus amigas a que se dedica su hijo. Mi padre pepino llamara a su amiga la acelga que trabaja en el ayuntamiento para que me den la llave de la ciudad. Si usted tiene un problema, solo tiene que apuntar al cielo con la calabaza-señal y raudo veloz apareceré en su ayuda.

Pasados unos segundos note como me rugían las tripas y decidí que había sido un día demasiado intenso para mi. Apoye mi piel verde sobre el sofá. Recordé esa serie de Netflix que tenia a medías y decidí que iba a ser a lo que salvaría hoy.

Desde el pasillo, oí la voz de mi padre, Haragán Bergante, ¿ya estas otra vez tumbado?.
Si padre, la vida de superheroe es muy dura. No lo sabe usted bien.

Cariño, llama al medico, que creo que a nuestro misántropo zascandil se le ha ido la cabeza.

martes, 16 de octubre de 2018

“14 días de relax. 14 días de felicidad.”







14 días de relax. 14 días de felicidad.”

Eso es lo que ponía en el folleto cuando lo cogí de aquella balda en ese lluvioso mes de abril.
Malditos meses grises y húmedos que te obligan a visitar tiendas en centros comerciales climatizados.
Somos como fresas verdes en una cárcel de plástico en Almería.
Los días rodaron sin control y los aires cálidos soplaron mi nuca para colocarme en las escaleras de aquel mastodonte de 7 pisos que atravesaba las olas como una apisonadora.

La felicidad, el relax y las preocupaciones no viajaban solas. Tres granujas revoloteaban a mi alrededor como avispas enfurecidas y allí al fondo con las maletas estaba ella, a la cual notaba que el brillo de sus ojos se le había bajado el contraste y parecía dejarse llevar por la brisa de la rutina.
Era el momento de levar anclas y poner las velas a máxima velocidad.

Fui subiendo cada peldaño de aquella escalera. Notándome cada vez mas seguro a cada paso que daba, sintiendo que era el protagonista de aquella historia. Pero todo se derrumbo cuando una jauría de abuelos me adelanto por la derecha y un codo se incrusto en mis costillas. Todavía no había recuperado el aliento y otro clan de la tercera edad me echo a un lado de un empujón. Escuche entonces: “Perdona, majo, pero es que nos queda poco tiempo de vida”. Cuando recobre el equilibrio, vislumbre a mi manada impaciente allí arriba al final de la escalera. “Corre, Ramón, Corre. ¿Que haces en el suelo? Vamos”
El principio del fin, el punto de no retorno, comenzó en ese instante.
Mi vida a partir de ese momento consistió en azorarse, turbarse, zozobrarse hasta casi caer por la borda o eso tal vez hubiera sido el mejor final.
Corre, Ramón, Corre.
Era la frase de cabecera.
Hacer cola en el buffet libre para rellenar el plato que nunca se acaba.
Mantener el equilibrio en este mar de dudas.
Pelear con los jubilados por la tumbona que tenia vistas a la nada.
Corre, Ramón, Corre.
Nos falta ver la Basílica de San Marcos.
Disimular cada día para meter dentro de 4 servilletas 4 bocadillos para mis lobos hambrientos.
No se podía perder un segundo en comer.
Corre, Ramón, Corre.
No llegamos a ver el Pireo.
Visto. Pon una X en la lista. Visto. Revisto.
No se podía perder un instante en observar.
Hazte la foto y corre. Sigue huyendo sin mirar atrás.
Corre, Ramón, Corre.
Como no veamos Santa Sofía te enteras, eh, Ramón.
Hadas mentales que se van convirtiendo en demonios corporales.
Días de vino y rosas que terminan con espinas clavadas en la piel y manchas en el cuerpo que nunca se borrarán.
Corre, Ramón, Corre.
Y no pares de correr, como Franka Potente, en Corre, Lola, Corre.

¿Tomas? ¿Donde está Tomas? Nuestro grupo indivisible de gritos, empujones, quejas y reproches había perdido una pieza. Parecía que todo nuestro ecosistema se caía estrepitosamente como un castillo de naipes. Sus hermanos empezaron a llorar. Ella estaba allí con un ataque de ansiedad, incapaz de escupir una palabra. Lo habíamos olvidado en esa tienda de souvernirs. Corrí como si no hubiera un mañana. Mis chanclas volaron. Las gotas de sudor recorrían mi frente. Y mi corazón solo pudo sonreír cuando divise la figura de mi Tomasito sentado sobre una silla de mimbre jugando con un imán de la torre de Galata. Lo alze en volandas de alegría y mi angustia se deshincho como un globo.
Una mujer malhumorada me miraba desde la barra y me señalaba el cartel que había en la pared.

Basura solo para clientes. Trash for customers only.

Enseguida entendí que nuestra visita basura sobraba. Era hora de llevarnos nuestros restos humanos de nuevo a nuestro camión de escombros gigante. Éste surcaria los mares en busca de un anónimo recolector turístico donde lanzar otra vez las mondaduras del buffet de nuestra biografía, las escamas que nuestra piel deja caer y los vestigios pesados que desprende nuestra aplasia vital.

martes, 9 de octubre de 2018

Piedra papel...




Piedra Papel...

Excelentes momentos de dolor en medio de un viento sur de alegres candorosos.
Amores imperfectos que hacen revolotear pajaros sin plumas en tu estomago.
Atarderceres sin sol que resaltan tus esbeltas ojeras negras de sueños completos.
La infelicidad plena te hace sonreir remarcando tus perfectos dientes amarillos.
La palabra erronea en el momento mas adecuado que enfatiza tu estupida magnificiencia.
Hibridar peliculas de largos dialogos con efectos especiales de luces que enebran escenas imposibles.
Finales perfectos donde nunca sale el sol, boton de rewind presionado, la trama sin desenlace.
La mas torpe pefeccion del piropo ofensivo que hace de tu vida una opera bufa.
El verso redondo que abrasa tus mejillas y marca tu piel en un decima perfecta.
Cara de marmol. Ojos de jilguero. Mirada de granito. Besos de cocodrilo.
Aprendiendo a recibir el golpe magistral en el ring de los deseos siempre cumplidos.
Nunca tirar la toalla de la victoria en esta existencia de exhaustos prisioneros del exito.
Llagas en la garganta que supuran biandanza y jubilo por los besos nunca olvidados.
Las luces de los coches no deslumbran, las noches se hacen nitidas, lobreguez cristalina en tu iris.
Apagando sueños como bombero en practicas, utopias mitigadas con una caricia fria.
Juegos de guerra con pistolas de agua que provocan daños colaterales operados a vida o muerte
Tragos asperos de agua con mucho alcohol en una fiesta para jovenes en una vida de viejos.
La luz mas brillante en el cosmos de agujeros negros, boquete en el cielo para ver a tú estrella morir.
Ella saco Tijera. Yo siempre era de los que miraba al suelo.
Te hicieron el verso me dijeron. Vi como mi papel se hizo trizas.
Que pena no haber sido valiente.
Eres la amargura de no haber sido piedra.

viernes, 8 de junio de 2018

Amor Valiente en deshielo








El otro día entre cerveza y cerveza, entre suspiro y suspiro, entre palabras vacías, entre comentarios huecos, entre risas desbalazadas, un amigo me comento al oído algo que no estaba escrito en el guion.  Sin venir a cuento. Sin ninguna necesidad. Con alevosía. Con fanfarronería.
Un susurro de los que llegan a las entrañas. Una caricia con palabras que rozan. Que hacen surco en la piel. Va-li-en-te. Salta por la ventana valiente. ¡VA-LI-EN-TE! Amor Polar. Ana y Otto en un circulo sin fin. Unos segundos de silencio helado. Y de nuevo la palabra mágica que paraliza. Va-li-en-te.  Parándose en cada silaba. .Acelerando cada consonante que para y acentúa la siguiente vocal.  A partir de este punto no se garantiza la seguridad de los corazones. Punto de no retorno. Aquí llego mucha gente. Muchos se dieron la vuelta. Otros decidieron quedarse quietos. Y muy pocos dieron el paso. Paso hacia ninguna parte. Paso hacia cualquier parte. Fotogramas vitales que dirigen tu vida hacia ese precipicio llamado felicidad. O no.

Amantes del circulo polar. Amor en deshielo. Ella se acercaba  a la barra. El se aleja con su vaso de tubo.  Ellos se cruzan. Ojos que se miran. Sonrisas que se trenzan. Destellos en el aire. Valiente. Una pregunta o unos labios sellados. ¿Te gusta el cine? Una mirada de sorpresa. Ella se da la vuelta. ¿Como? Si, ¿que si te gusta el cine?. Ella mira a los lados como dudando que alguien con un ron en la mano, en una sala oscura y en las que las palabras se pierden sin esfuerzo sea capaz de preguntar algo que no sea tópico. Utopico le parece a ella. A mi me gusta Martinh y tu pelicula preferida cual es. Ella sigue buscando la camara oculta. Pero se deja llevar. El espera ansioso saber algo de ella. Ella piensa y repiensa. “Vamos alguna tendras” El tiempo de la felicidad. Ahora el callado es el. Tengo que decir algo inteligente. Tengo que sorprender. “¿La has visto?” Mirada al suelo para intentar recordar. Pues me suena pero no estoy seguro. La mia es Martin H le repite de nuevo. “¿La has visto?” Si, claro. Ella si que es inteligente. No como tu. Sonries abobado pensando que ha merecido la pena ser valiente.

Cosas que no hubieran pasado.

La isla de la felicidad.
Comentar peliculas en un bar creado para señoras mayores.
Molar.
Envejecer con la barba de Peter Pan.
Cervezas. Besos. Cervezas. Besos. Sin un orden establecido.
La virgen de la bella durante unos meses viviendo en mi coche.
Acercarse hacia la luz.
En cuerpo y alma. Primera película y mismo sentimiento todos los días.
Borrar cicatrices.
Levar anclas.
Escuchar a Quique. Escuchar a Jorge. Escuchar a Andres.
En busca del tiempo perdido.
Leer de noche. Leer de día.
Hasta la victoria siempre.
Salir serenos de un afterhour con las muñecas "pintadas"
Dar de comer a los gatos negros que dan buena suerte.
Expantar a los caracoles que caminan deprisa.
Rezar por las calabazas caídas en el campo de batalla.
Que todos los unos de noviembre sean floridos, oscuros y que nadie nos encienda la luz al llegar las letras después del FIN.
Sacar los pinceles a pasear.
Exprimir limones todas los sábados por la mañana.
Bailar con nuestros monstruos.
Ser felices juntos.

Ucronia. Que hubiera pasado si no hubiera pasado lo que hicimos.
Ya no pienso en posibilidades. Pienso en el aquí y ahora. Pienso en ti.
Que ser cobarde no valga la pena.

miércoles, 16 de mayo de 2018

ARMADURA




ArmaDura


Corazón de hojalata. Ponte una venda en los ojos y lanzate hacia ninguna parte. Caballo galopa como sino hubiera mañana. Hombre armado hacia tierra de colores grises. Cicatrices de desanimo en la piel. Mente puesta en blanco. Sonrisa torcida que nunca vera la luz. Sabor amargo que se clava en tu garganta. Heridas profundas que no supuran. Tinte negro en las pupilas. Pies de plomo que se hunden en el barro. Nunca pongas la rodilla a tierra. Luchar por un trozo de tela. Nunca mires atrás. El mañana no esta escrito para ti. Este trozo de ladrillo me han contado que es tu patria. No quiero preguntar. Escapada hacia delante. Nunca cuestiones. Nunca preguntes. Nunca digas nunca. Autómatas sin destino. Sin nada que perder. Sin nada que ganar. Sin nada.

Corazón palpitante. Sístole, diastole. Vida atrapada dentro de una jaula de hojalata. Ver la luz cuando la noche llega. Abre los ojos y no los cierres mas. El calor del metal se apaga. La yegua descansa en el establo. El corazón vuelve a su sitio. Dentro de mi solo hay ríos de sangre. Ya no quiero luchar. Agua que brota de mis soles. Nunca fui un tipo valiente. Corazón que se derrite sin su carcasa protectora. Temblores que hacen caerse el castillo de naipes. Nunca quise conocer las trincheras. Fiebre que hace recordar los amigos perdidos. Ganas de gritar. Rabia roja en tus mejillas. Nunca digas no ha pasado nada. Nunca vuelvas a aquel lugar. Nunca olvides. Baila con tus demonios. Mira de frente a tus miedos. Dorothy necesito que engrases mis heridas. Sin Armadura. Recuerda que solo quedas tu. Tu pluma. Tu tinta. Tu cuerpo blando de poeta.

PlumaBlanda


*Caligrama creado a partir del disparador: "Somos los hombres huecos, somos los hombres rellenos." de  T.S. Elliot





miércoles, 28 de marzo de 2018

TRUMAN






Como en una película, un día  coges el coche, carretera perdida, conduces sin dirección, solo el cielo ante ti y llegas a un pueblo costero con mar.  Dejas tu auto con las llaves puestas y el motor a ralenti. Nunca sabes cuando alguien precisa escapar y cedes tu puerta abierta al destino a otra persona que lo pueda necesitar. Desamarras tu barca, arrancas el motor y tomas velocidad crucero  hacia donde te dirige el azar. Una vez pisas tierra firme, respiras aliviado. Tierra conocida. Notas como las pulsaciones se revolucionan.  Tierra que no te fallara. La piel se eriza. Tierra que no pertenece a nadie. Tus ojos se vuelven brillantes.

Te quedas mirando las olas y te dices: “¡Este es mi lugar!”. No regresare. No vengáis a por mí. Os lo juro. No regresare. Respiras mas fuerte aún. Suspiras. Coges aire de nuevo y gritas: “Os lo juro, NO REGRESARE. ESTE ES MI LUGAR”

Mi sitio privado. Coto reservado. Libre de cazadores de sueños. Libre de cazadores con escopetas que matan palomas mensajeras que llevan historias de amor. Libre de gente tóxica. Libre de gente que  me diga que algo no se puede hacer. Libre de pepitos grillos que queman los sueños. La vida no es como las películas. Los lobos nunca trabajaran para el circo. Ya lo sé. Pero esta es mi película y yo soy el protagonista.  Esta Isla tiene todos los ingredientes para no ser real. Para ser lo que siempre me gusto. Truman. La isla de los animales. Truman es la historia de aquel can que te hizo llorar en una butaca al fondo de aquel solitario cine. Los animales son personas. Rectifico hay animales que quiero mas que a muchas personas. Y hay mucho animales mas dignos que cualquier persona que seguramente habría que llamar animal. Esta isla es empatía. No confundáis con simpatía. La empatía alimenta la conexión, la simpatía lleva a la desconexión. La empatía es cuando Javier Camara escucha y entiende a Ricardo Darin sin decir una palabra. Sin emitir juicios. Con extrema sensibilidad. Solo con su presencia. Conociendo que cuando uno esta ahí abajo solo necesita tres palabras: “No estas solo”.

La isla de la amistad. La de apóyate sobre mi hombro. La de algún día tienen que ganar los de abajo. Los perdedores. Con tres heridas. La de la vida. La de la muerte. La del amor. Así se presenta. Como Miguel Hernández. Porque alguna vez tienen que ganar los buenos. Los que sujetan el castillo de naipes en el que vivimos. Los que sufren. Los que las pasan putas. Los perdedores saldrán de las cunetas. Los nuevos ganadores. Vuestro ultimo grito sera el más sincero. Vuestro ultimo grito sera mi primero. Por fin perderemos el miedo. Miedo a nada. Miedo a no tener miedo. Las cicatrices se aclaran y las heridas se vuelven piel. Solo queda caminar hacia la luz. Los momentos oscuros ya no existen. Las nubes negras se han deshecho. Los demonios no son tan temibles.

Truman es la isla de las despedidas. Despedidas inesperadas. Despedidas que no deseamos. Despedidas que no están fijadas en el calendario. Es el sitio en el que nunca te hará falta el apuntador del teatro en los momentos que te quedas en silencio. Es la isla en la que no decir nada será una ultima respuesta acertada, porque tu y yo sabemos que lo tenemos todo dicho. Siempre me gustaron los mimos. Solo nos queda reír. Solo nos queda mirarnos a los ojos y despedirnos sin palabras. Solo nos queda recordar lo que vivimos. Solo nos queda olvidar la pena que  dará no verte sonreír cuando tu no estés a mi  lado.

Truman significa nuestro sitio secreto. Nuestro lugar favorito. Nuestro sitio para nosotros. Nuestra archipiélago sin camino de retorno. Nuestra isla bonita. Un sitio para ser feliz. Un buen lugar para que Peter pan se deje barba. Todavía nos queda tiempo. Pidamos una prorroga al destino. La guadaña ha pasado cerca, pero las heridas no son mortales. Soldado herido desea volver a casa a tomar una ultima cerveza. Esta no sera nuestro ultima conversación. Nos quedan muchas discusiones. Nos queda muchas carcajadas. Nos quedan momentos para estar juntos.



Juntos pediremos deseos a estrellas de mar fugaces.
Juntos mandaremos canciones en botellas de ron vacías para que las sirenas canten a los piratas.
Juntos evitaremos los colmillos del cocodrilo.
Juntos miraremos a la luna.
Juntos vacilaremos al capitán Garfio.
Juntos bailaremos con Wendy..
Juntos siempre seremos PETERPANES.
Juntos nunca moriremos.
Juntos en la ISLA TRUMAN.
JUNTOS.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Nunca quise ser como Steve Martin


Nunca quise ser como Steve Martin 


Hasta ahora he pasado a hurtadillas por tu vida, pero soy alguien que te tiene en su mente día y noche. Siempre en constante búsqueda de ideas para ser feliz junto a ti. Ejecutor de sueños imposibles. Artesano de proyectos por el mundo. Amantes esporádicos que luchan contra su propio destino. Enamorados con ganas de aventura. Te conocí en aquel local, tu estabas allí parada con tus amigas. Enseguida note tu dureza en las distancias cortas, protectora, brillante, pero en cuanto abriste tu corazón note tu piel suave. Piel tostada de terciopelo. Enseguida conectamos. Yo sabía que tu y yo íbamos a acabar juntos. No siempre nos va bien. La vida esta hecha de momentos. Dientes de sierra vitales. Nadie llega y hay que ser feliz en la escalera. Nuestra relación depende de las estaciones. Silenciosa en invierno. Nunca me gusto el frio para salir de casa. Esporádica en otoño. Escapadas furtivas. Amantes en constante lucha contra la rutina. Todo florece en primavera. Brotes verdes hacia una nueva vida. Explota en verano con jubilo, como los petardos llenos de pólvora. Ruido. Ruido Feliz mezclado con cervezas. Estamos a dos cervezas de sonreír. A 5 cervezas de  reír sin parar.  A 7 cervezas de terminar un día juntos. A 10 cervezas de ser felices. A 120 cervezas de volver a nuestro punto de partida y poner de nuevo el contador a cero. Abrir otra cerveza y que gire la rueda de nuevo.

Mi piel se eriza cada vez que te miro. Mis nervios se desenfrenan cuando voy colocando cada parte de mi vida en la tuya. Tetris vital. Nuestros tetróminos siempre encajan. Las L siempre encuentran un hueco donde aterrizar y cada momento  desaparece en nuestra vida en forma de sonrisa. Las piezas no paran de caer, pero yo estoy allí para ser el arquitecto de nuestra pasión. Tú haces hueco en tu corazón a cada una de mis debilidades.  Mi tensión se descontrola cada vez que mis manos abren tu cuerpo. Mi corazón se alborota cuando nuestras miradas se cruzan. La pena se desata cada vez que me abandonas en los aeropuertos. Una fuerza irrazonable me hace pensar en saltar el mostrador y  correr  en tu búsqueda. Tengo miedo de no volver a verte. De perderte. De que sea la ultima vez.  Pero respiro, miro al techo, noto como mi corazón quiere salir del pecho y tras unos segundos de inquietud se que te volveré a ver en otro aeropuerto. En otro lugar. En otro sitio donde seremos felices. Juntos subiremos montañas y juntos las bajaremos.

De pequeño siempre fui fan de las películas de Steve Martin. Humor fácil. Películas que se veían rápido. Películas que se olvidaban más rápido. Películas que no volvería a ver. Bueno no pasa nada tenía 12 años. Pero saque la conclusión de que  no quiero ningún Jhon Candy en mi vida que me amargue los viajes. Mejor contigo que mal acompañado. Estoy deseando de verte en el aeropuerto. Te recojo. Te llevo al taxi y abrazada a ti vamos a nuestro hotel. Atravesamos el largo pasillo, respiro nervioso hasta ver la luz verde de la habitación, la puerta se abre y allí estamos los dos solos. Te coloco sobre la cama. Abro tu corazón y allí está todo lo que necesito. Eres mi maleta preferida y no te cambiaría por nada.

Buscando una postura en la vida

*Estimado Cliente el  punto de encuentro  es la estatua del caballo negro.



BUSCANDO UNA POSTURA EN LA VIDA

Es hora de pisar fuerte. Nunca más pasos en falso. Es la hora de las valientes. Nunca más citas insulsas que acaban con un abrazo. Es la hora de tocar la ambrosía secreta. Nunca más quedarse con las ganas. Llamando a las puertas del cielo. El 14 y la soledad no se verán la cara. Mirando de cara al destino. Nunca mas agujetas de tanto tirar y recoger la toalla. Valentino derrapando en cada curva.

Adiós ser una chica buena. Hola tigresa. Adiós esperar a la quinta cita para dejar que me toquen. Hola mi mano sobre tu muslo. Adiós esperar a que ellos vengan. Hola, soy yo y que sepas que estoy aquí. Adiós a ser la de antes. Hola a ser como la de ahora. El corazón me pide vacaciones, dice que no aguanta más mentiras.

Es la hora del cambio. Viajeros en busca de placer buscan parada. Muevo mi ticket de entrada entre mis dedos sudorosos. Eros esta cerca. Google Maps me dice que he llegado a mi destino. Me tiemblan las piernas. Siempre he sido despistada.

¿Donde coño estará esa puta estatua del caballo negro?