Follow by Email

miércoles, 28 de marzo de 2018

TRUMAN






Como en una película, un día  coges el coche, carretera perdida, conduces sin dirección, solo el cielo ante ti y llegas a un pueblo costero con mar.  Dejas tu auto con las llaves puestas y el motor a ralenti. Nunca sabes cuando alguien precisa escapar y cedes tu puerta abierta al destino a otra persona que lo pueda necesitar. Desamarras tu barca, arrancas el motor y tomas velocidad crucero  hacia donde te dirige el azar. Una vez pisas tierra firme, respiras aliviado. Tierra conocida. Notas como las pulsaciones se revolucionan.  Tierra que no te fallara. La piel se eriza. Tierra que no pertenece a nadie. Tus ojos se vuelven brillantes.

Te quedas mirando las olas y te dices: “¡Este es mi lugar!”. No regresare. No vengáis a por mí. Os lo juro. No regresare. Respiras mas fuerte aún. Suspiras. Coges aire de nuevo y gritas: “Os lo juro, NO REGRESARE. ESTE ES MI LUGAR”

Mi sitio privado. Coto reservado. Libre de cazadores de sueños. Libre de cazadores con escopetas que matan palomas mensajeras que llevan historias de amor. Libre de gente tóxica. Libre de gente que  me diga que algo no se puede hacer. Libre de pepitos grillos que queman los sueños. La vida no es como las películas. Los lobos nunca trabajaran para el circo. Ya lo sé. Pero esta es mi película y yo soy el protagonista.  Esta Isla tiene todos los ingredientes para no ser real. Para ser lo que siempre me gusto. Truman. La isla de los animales. Truman es la historia de aquel can que te hizo llorar en una butaca al fondo de aquel solitario cine. Los animales son personas. Rectifico hay animales que quiero mas que a muchas personas. Y hay mucho animales mas dignos que cualquier persona que seguramente habría que llamar animal. Esta isla es empatía. No confundáis con simpatía. La empatía alimenta la conexión, la simpatía lleva a la desconexión. La empatía es cuando Javier Camara escucha y entiende a Ricardo Darin sin decir una palabra. Sin emitir juicios. Con extrema sensibilidad. Solo con su presencia. Conociendo que cuando uno esta ahí abajo solo necesita tres palabras: “No estas solo”.

La isla de la amistad. La de apóyate sobre mi hombro. La de algún día tienen que ganar los de abajo. Los perdedores. Con tres heridas. La de la vida. La de la muerte. La del amor. Así se presenta. Como Miguel Hernández. Porque alguna vez tienen que ganar los buenos. Los que sujetan el castillo de naipes en el que vivimos. Los que sufren. Los que las pasan putas. Los perdedores saldrán de las cunetas. Los nuevos ganadores. Vuestro ultimo grito sera el más sincero. Vuestro ultimo grito sera mi primero. Por fin perderemos el miedo. Miedo a nada. Miedo a no tener miedo. Las cicatrices se aclaran y las heridas se vuelven piel. Solo queda caminar hacia la luz. Los momentos oscuros ya no existen. Las nubes negras se han deshecho. Los demonios no son tan temibles.

Truman es la isla de las despedidas. Despedidas inesperadas. Despedidas que no deseamos. Despedidas que no están fijadas en el calendario. Es el sitio en el que nunca te hará falta el apuntador del teatro en los momentos que te quedas en silencio. Es la isla en la que no decir nada será una ultima respuesta acertada, porque tu y yo sabemos que lo tenemos todo dicho. Siempre me gustaron los mimos. Solo nos queda reír. Solo nos queda mirarnos a los ojos y despedirnos sin palabras. Solo nos queda recordar lo que vivimos. Solo nos queda olvidar la pena que  dará no verte sonreír cuando tu no estés a mi  lado.

Truman significa nuestro sitio secreto. Nuestro lugar favorito. Nuestro sitio para nosotros. Nuestra archipiélago sin camino de retorno. Nuestra isla bonita. Un sitio para ser feliz. Un buen lugar para que Peter pan se deje barba. Todavía nos queda tiempo. Pidamos una prorroga al destino. La guadaña ha pasado cerca, pero las heridas no son mortales. Soldado herido desea volver a casa a tomar una ultima cerveza. Esta no sera nuestro ultima conversación. Nos quedan muchas discusiones. Nos queda muchas carcajadas. Nos quedan momentos para estar juntos.



Juntos pediremos deseos a estrellas de mar fugaces.
Juntos mandaremos canciones en botellas de ron vacías para que las sirenas canten a los piratas.
Juntos evitaremos los colmillos del cocodrilo.
Juntos miraremos a la luna.
Juntos vacilaremos al capitán Garfio.
Juntos bailaremos con Wendy..
Juntos siempre seremos PETERPANES.
Juntos nunca moriremos.
Juntos en la ISLA TRUMAN.
JUNTOS.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Nunca quise ser como Steve Martin


Nunca quise ser como Steve Martin 


Hasta ahora he pasado a hurtadillas por tu vida, pero soy alguien que te tiene en su mente día y noche. Siempre en constante búsqueda de ideas para ser feliz junto a ti. Ejecutor de sueños imposibles. Artesano de proyectos por el mundo. Amantes esporádicos que luchan contra su propio destino. Enamorados con ganas de aventura. Te conocí en aquel local, tu estabas allí parada con tus amigas. Enseguida note tu dureza en las distancias cortas, protectora, brillante, pero en cuanto abriste tu corazón note tu piel suave. Piel tostada de terciopelo. Enseguida conectamos. Yo sabía que tu y yo íbamos a acabar juntos. No siempre nos va bien. La vida esta hecha de momentos. Dientes de sierra vitales. Nadie llega y hay que ser feliz en la escalera. Nuestra relación depende de las estaciones. Silenciosa en invierno. Nunca me gusto el frio para salir de casa. Esporádica en otoño. Escapadas furtivas. Amantes en constante lucha contra la rutina. Todo florece en primavera. Brotes verdes hacia una nueva vida. Explota en verano con jubilo, como los petardos llenos de pólvora. Ruido. Ruido Feliz mezclado con cervezas. Estamos a dos cervezas de sonreír. A 5 cervezas de  reír sin parar.  A 7 cervezas de terminar un día juntos. A 10 cervezas de ser felices. A 120 cervezas de volver a nuestro punto de partida y poner de nuevo el contador a cero. Abrir otra cerveza y que gire la rueda de nuevo.

Mi piel se eriza cada vez que te miro. Mis nervios se desenfrenan cuando voy colocando cada parte de mi vida en la tuya. Tetris vital. Nuestros tetróminos siempre encajan. Las L siempre encuentran un hueco donde aterrizar y cada momento  desaparece en nuestra vida en forma de sonrisa. Las piezas no paran de caer, pero yo estoy allí para ser el arquitecto de nuestra pasión. Tú haces hueco en tu corazón a cada una de mis debilidades.  Mi tensión se descontrola cada vez que mis manos abren tu cuerpo. Mi corazón se alborota cuando nuestras miradas se cruzan. La pena se desata cada vez que me abandonas en los aeropuertos. Una fuerza irrazonable me hace pensar en saltar el mostrador y  correr  en tu búsqueda. Tengo miedo de no volver a verte. De perderte. De que sea la ultima vez.  Pero respiro, miro al techo, noto como mi corazón quiere salir del pecho y tras unos segundos de inquietud se que te volveré a ver en otro aeropuerto. En otro lugar. En otro sitio donde seremos felices. Juntos subiremos montañas y juntos las bajaremos.

De pequeño siempre fui fan de las películas de Steve Martin. Humor fácil. Películas que se veían rápido. Películas que se olvidaban más rápido. Películas que no volvería a ver. Bueno no pasa nada tenía 12 años. Pero saque la conclusión de que  no quiero ningún Jhon Candy en mi vida que me amargue los viajes. Mejor contigo que mal acompañado. Estoy deseando de verte en el aeropuerto. Te recojo. Te llevo al taxi y abrazada a ti vamos a nuestro hotel. Atravesamos el largo pasillo, respiro nervioso hasta ver la luz verde de la habitación, la puerta se abre y allí estamos los dos solos. Te coloco sobre la cama. Abro tu corazón y allí está todo lo que necesito. Eres mi maleta preferida y no te cambiaría por nada.

Buscando una postura en la vida

*Estimado Cliente el  punto de encuentro  es la estatua del caballo negro.



BUSCANDO UNA POSTURA EN LA VIDA

Es hora de pisar fuerte. Nunca más pasos en falso. Es la hora de las valientes. Nunca más citas insulsas que acaban con un abrazo. Es la hora de tocar la ambrosía secreta. Nunca más quedarse con las ganas. Llamando a las puertas del cielo. El 14 y la soledad no se verán la cara. Mirando de cara al destino. Nunca mas agujetas de tanto tirar y recoger la toalla. Valentino derrapando en cada curva.

Adiós ser una chica buena. Hola tigresa. Adiós esperar a la quinta cita para dejar que me toquen. Hola mi mano sobre tu muslo. Adiós esperar a que ellos vengan. Hola, soy yo y que sepas que estoy aquí. Adiós a ser la de antes. Hola a ser como la de ahora. El corazón me pide vacaciones, dice que no aguanta más mentiras.

Es la hora del cambio. Viajeros en busca de placer buscan parada. Muevo mi ticket de entrada entre mis dedos sudorosos. Eros esta cerca. Google Maps me dice que he llegado a mi destino. Me tiemblan las piernas. Siempre he sido despistada.

¿Donde coño estará esa puta estatua del caballo negro?

martes, 30 de enero de 2018

CV MAFALDA: LOS LUNES AL SOL

















Nombre y Apellidos: Mafalda Fernández
Ciudad Natal: Buenos Aires
Dirección actual: Calle Melancolía, número 13, Madrid
Fecha de Nacimiento: 8 de Marzo, 1973, 44 años

Formación:

·         2004- 2009 Graduada Bellas Artes –Universidad  Madrid
·         2000-2004  Diplomatura Periodismo – Universidad Sevilla
·         1999-2004  Ciencias Políticas – Universidad de Córdoba (Argentina)
·         1993-1998  Licenciatura Derecho- Universidad de Buenos Aires

Experiencia Laboral:

  •        1990- 1991         Voluntaria Green Peace. Sección América Indígena.
  •        1991-1992           Voluntaria ONG Tercer Mundo Existe. Etiopía.
  •        1997-2000           Abogada de oficio especializada en  casos de violencia domestica
  •        2003-2005           Directora Periódico Digital www.thepowerofwoman.com
  •        2007-2009           Integrante Movimiento Perfomance Sin fronteras NO WAR
  •        2010-2012          Abogada del movimiento anti-desahucio PAH (Plataforma afectados por la hipoteca)
  •        2013-2014          Abogada de oficio casos banca preferentes, hipotecas basura y afectados por la reforma laboral.
  •        2014-2015          Cajera de supermercados DIA
  •        2016-2017          Operaria Industria Alimentación. Sección Sopas Gallina Blanca
  •        2016-2018          Estudiando oposiciones para ser asimilada por el sistema y ser como mi tortuga burocracia
  •        2018-Actualidad             Esperando una señal......



Objetivo Profesional: Encontrar un trabajo tranquilo, que no conlleve luchar contra el sistema, que carezca de ideología, a poder ser que sea cuadrado, rutinario y que me aleje de cualquier intención de cambiar el mundo. Maldito mundo que me ha pasado por encima.

Aptitudes (Hasta hace unos años):

·         Curiosidad, visión del mundo y consciencia existencial
·         Capacidad para luchar contra injusticias, guerras, xenofobia y gente que coma sopa.
·         Despierta, algo cascarrabias, y siempre con una pregunta en la recamara.
·         Inconformista, inocente  y con fe en la gente de su generación.
·         El límite está en el cielo y estamos justo a tiempo de tocarlo.

Actitudes actuales:

·         Dejar la vida pasar
·         Tomar sopa de sobre para cenar
·         Capacidad para tomar vasos de burbon en el fondo de los bares
·         Alienación absoluta, piloto vital puesto, modo avión, siempre con Telecinco y Sálvame de banda sonora de su vida
·         Odiar la “burrocracia” (A mi tortuga la siga adorando), las líneas rojas y la frase “Las cosas no se pueden cambiar”.
·         La cabeza actualmente bajo tierra, por favor avisarme cuando pueda volver a respirar aire fresco.


Otros Datos Interés: Luchadora incansable en la juventud, defensora de las mujeres y de la paz mundial. En la actualidad con una bajada de fe en la gente al haber chocado con ese muro llamado realidad. No soy parada, ellos me han obligado a tumbarme en el sofá y no levantarme. Solo hace falta otro 15M y volveré a ser la de antes. Es solo cuestión de tiempo y Mafalda volverá  a ser lo que era. 

martes, 19 de diciembre de 2017

CAMBIO DE VELOCIDAD


Cambio de Velocidad

Nunca un fui un tipo valiente. Siempre dando la cara. La otra mejilla ya no. Adalid de los perdedores. Rozaduras en el alma. Caricias de acero en la sien. Correr es de cobardes. Parar es para gente sin entretelas. Agujeros de Gruyer en el corazón. El corazón me pide vacaciones, dice que no aguanta más mentiras. Tiene agujetas de tanto tirar y recoger la toalla. Cenizas que solo arden. Maratoniano de salón. Esprintando hacia ningún destino. Pocas palabras. Tu silencio hace juego con el mío. Cobardía vestida de falso héroe. Ponerse a tiro de ti. Daño colateral no identificado.

Escapada hacia delante. Cansado de correr en la dirección equivocada. Cuando perseguir el objetivo te vuelve perezoso, solo queda atormentarse baja tierra con tu manta en una tarde domingo. Comer comida basura como si no hubiera mañana. Ver películas malas. Comida aún más grasienta. Los domingos me suelo jurar qué cambiaré de vida. Olvidar lo que bebiste ayer y esperar impaciente que empiece ese maldito lunes. Vida a cámara lenta. Un caracol en su travesía por el desierto. Los lunes al sol. Sacar los cuernos de mi caracola. O permanecer dentro de ella. Sinceramente nada importa.

Pero algo cambio ese detestable domingo. Los cabellos rubios de la onubense con sonrisa contagiosa se cruzaron en tu camino. Y los rayos violetas apuntaron a tu cara. Se acabó soñar despierto. Era el momento de aletear. Despertar de este maldito sueño. De salir ahí fuera, de sacar tus cartas a pasear y asaltar la banca. Tus zapatillas voladoras te llevarían al séptimo piso de aquel viejo edificio en el que nunca pudiste entrar: EL EMPIREO. Eres luz, nadie puede hacerte sombra. Las puertas cerradas se hacen transparentes. El bosque de tormentas escampa. Los vientos huracanados amainan en brisa. La misma lluvia no moja tanto, el mismo amor ya parece otro.

Escapada hacia delante. Mis pies no tienen dueño. Saltar las baldosas de tres en tres. Siempre viajar por el camino de baldosas amarillas. Las caricias son egoístas y los roces generosos. Besos sin fin y finales a besos. Las cicatrices se cierran. La piel olvida. Dispuestos a empezar de nuevo. A llenar el saco de la vida. A reponer ese hueco que se quedó vacío. Ni medio lleno. Ni con un poco de ti. Vacío. A vacilar al destino. A cerrar todos los bares. A cargar tu revolver. A besar sin control. A no tener miedo a nada. Nada. Justo lo que había en mi corazón. Había.



Hacia la luz





RecorDanDo momentos de pasión
DeseoS OScuros que apaciguan el hambre
Enredando   DOlores  EnlatadOs en mi corazon
DE  placER DE hEDor a podredumbre

EnCerrado en las miradas de acERO  DRenadas por el miedo
DOnde SE Notan las vibraciones de la gran Ola de dOlor
El pudOr OlvidadO Es abduciDO por el querer
Donde   DEjamos nuestros    DOlos
NO  HaBRa   Caidas   De nuevo
RESucitar, Renacer, COntando  DE nuevo los segunDOS
SEguro, levemente HEriDO, pero dispuesto a saltar

miércoles, 22 de noviembre de 2017

V DE VICTORIA

Andrew Wyeth - “El mundo de Christina” (1948, témpera al huevo sobre tabla, 82 x 121 cm, MOMA, Nueva York)

V De VICTORIA

Hoy iba a ser un buen día. Volver a sonreír. El  ayer estaba olvidado. La tristeza miraba para otro lado. Esta mañana no caería de nuevo. Levantarse y volverse a levantar. Resbalar de felicidad. Anoche sentí de nuevo que todo iba a desparecer. Tropezar con tu sonrisa. La piedra no puede volver a caer en el charco cristalino. Trastabillarse en el alambre de la fortuna. Es el momento adecuado. Los abismos ya no me asustan. Las tormentas estas lejos. Solo escucho el susurro de la lluvia tumbada en mi habitación. Es la hora de los valientes. Es  el día de la victoria. V de Victoria.

Sudor y lágrimas. Vestido rosa ajustando a mi cintura. Las algas se nos enredan en los pies. El cinturón con falsos brillantes brillantes me aprieta el abdomen. Las algas mueren. Mi peinado con moño y alfileres de la tienda de ultramarinos. Las algas se pudren pegadas a nosotros. Mis zapatos de ante grises que compre en el mercado de la primavera. Algas que mueren al mismo tiempo que yo. Mis calcetines cortos con estrellas. Estrellas soñadoras. Un quiero y no puedo. Yo no respondo. Inmutable. Quieta. Inmóvil. Mis manos rojas ya no tienen replicas para  tanto dolor. La pulsera de cuero rojo me roza la muñeca. Suspiro. Resoplo. Grito. El anillo que me dejo Madre lanza reflejos rojizos que me recuerdan su mirada. Mi cerebro manda impulsos a mis brazos, pero estos me han dejado de querer.  Cada vez que intento moverme una punzada como un arpón me hace gritar de dolor. Las medias de verano se rasgan arrastradas por la maleza. Solo consigo dolor. Dolor impasible. Dolor sin solución. Muerta de cansancio, caigo derrotada y me desmayo.

Solo queda volver a respirar. Volver a vivir. El aire atraviesa mis pulmones como una daga y una luz se enciende en mi iris. He vuelto. Visibles y lejanas permanecen intactas las afueras. Estoy tan cerca y tan lejos. Tan fuera de mi que creo verme desde aquella nube quebradiza. Tan dentro de ti que nadie puede entrar en la cueva de mis negros nubarrones. Mi hogar esta ahí. Alargo mis huesudos brazos. Siento que  puedo tocarte. Que te puedo sentir. La vida esta a un paso. Un paso en falso que me hace caer.

Esa soy yo. Una naufraga en una tierra de malas hierbas. Hierbas que serán devoradas por los animales. Animales nocturnos que devoran mi cabeza. La velocidad crucero de nuestro barco adormece los sentimientos. Escaleras que no llevan a ningún sitio. Llaves que no cierran y que solo abren una prisión. Sabanas que llevan a calabozos blancos. Los triunfos que consisten en sumar dos derrotas. Mi abismo da vértigo. Mucho vértigo. Dos pasos hacia delante y tres hacia atrás. Como los cangrejos. No avanzo. La luz del túnel se ve más lejos. Todo permanece en el silencio de una canción antes de que la siguiente empiece a sonar. Se me encoge el  corazón, que cobarde él,  se intenta escapar de mi pecho. Algo en mi interior esta roto. Una herida interior que no para de emanar líquido de color rojo. Luces apagadas que no permiten ver en la oscuridad. Siempre de camino a nuestra casa cerca del cielo.


*Visibles y lejanas permanecen intactas las afueras.  Frase disparadora del relato sacada de un poema "Las Afueras" de Gil de Biedma.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Hombre pegado a una cabeza



Esta es la historia de un hombre que sufrió de una cabeza gigante.  De bébe sus tías le decían que iba a ser muy inteligente con ese artefacto craneal. A ministro llegará seguro clamaban en sus corrillos. Pero luego cuchicheaban entre dientes que en la frutería había sandias más pequeñas y que aquello a lo que llegaría sería al circo de los horrores. De niño le decía a su madre:  “Mama en el colegio me llaman cabezón” y “¿Tu no les persigues?”: le reprendía la madre”. “Si, pero se meten por calles estrechas”: le respondía el muchacho avergonzado. En su juventud siempre sufría de piojos. Aquello era una gran llanura por descubrir para aquellos pequeños insectos. Manolo, el dependiente de la droguería siempre tenía preparada un jocoso comentario dedicado a tan descomunal cabeza. ¿En que kilometro tiene su hijo el piojo? Su hijo tiene tres piojos y en dos meses todavía no se han encontrado. El joven no podía más que mirar al suelo y enrojecer sus mejillas avergonzado. Pero el tiempo fue pasando y el cuerpo del hombre se fue adaptando a la cabeza. Y esa cabeza tan grande había guardado todos los recuerdos. Sus manos de niño se convirtieron en extremidades fuertes y rugosas como los hombres de campo. Apretaba sin parar sus grandes dedos cuyas tabas estruendosas generaban una banda sonora de venganza. El rencor acumulado salió hacia fuera en forma de una frondosa barba. La rabia ante las burlas se manifestó por el canalillo de su camisa emergiendo de su pecho una generosa mata de pelo. Sus piernas en forma de pajitas de refresco se transformaron en robles altos y frondosos.  Buenos días Manolo, venía a ver si le quedaba pomada para golpes, creo que le va a hacer falta. ¡Gulliver, cuanto tiempo sin verte, conozco a tus padres desde pequeño, no me hagas daño por favor!

Esta era la historia de una cabeza gigante que sufrió de un cuerpo de hombre minúsculo. La cabeza intento llevar una vida normal, pero siempre echaba de menos un brazo lo suficientemente largo que llegara a cualquier kilómetro de su cuero cabelludo. Siempre era capaz de ver su minúsculo cuerpo en el espejo, pero no existía cristal que reflejara todo su cráneo. Nunca encontró un peluquero que le quisiera cortar el pelo y siempre tuvo que tirar de un amigo jardinero que le rasuraba al uno con su cortacésped. Siempre quiso visitar mundo, pero no había puertas de autobuses que podría pasar, ni control de seguridad de aeropuertos que podría superar. Siempre intento llegar a los sitios caminando, pero sus pequeños piececitos no podían aguantar tanto peso, sus zapatillas se derretían sobre el asfalto y solo le quedaba retirarse como soldado herido a su guarida. Vislumbrar el mundo desde su sofá. Pero llego el día en el que se pinchó el globo y aquella cabeza se hizo pequeña. El cuerpo minúsculo perdió su faro craneal y fue sustituido por una pequeña canica. El decidió poner sus cartas en juego. Pero nadie se fijaba en él. Se convirtió en el hombre transparente. Se lanzó a una escapada hacia delante y viajó por el mundo en el hueco de los ceniceros en desuso de los aviones. Después de varias vueltas al planeta terráqueo, aburrido, decidió parar unos meses en un pequeño pueblo llamado Lilliputh.


Y esta es la historia circular en la que lo pequeño se hace grande y lo grande se hace pequeño y en la que la cabeza gigante se junta con el cuerpo pequeño para ser contado a los niños.

lunes, 13 de febrero de 2017

Hoy es tu dia de suerte

“Se busca persona tranquila. Buen compañero, activo, inteligente y deportista, pero que no sufra con la derrota”. Nada más.  Malditos anuncios de empleo. Parece más bien un anuncio de chico busca chica. Pero no tenía nada mejor que hacer y estaba harto de los trabajos de comercial a comisión. Eso sí que era una derrota constante y sufrida.

Llegue a aquel edificio acristalado  y una señorita me indico que esperara en un sofá de eskay. A los pocos segundos apareció Jesús, mi mentor, me estrecho la mano y en cinco minutos era uno más de la empresa.

En tiempos de crisis solo queda como herramienta de lucha una sonrisa. Solo queremos momentos felices. La gente tiene que olvidar sus problemas. Yo soy feliz el día que gano algo. No por el premio. Solo por el mero hecho de ganar. No te das cuenta, que la gente sonríe cuando le llega una carta al buzón en la que pone: “Has sido premiado”. No importa cual sea el maldito premio. Pero yo he ganado y tu no.  Incluso sonríen cuando les llega un email a su correo con la palabra sorteo. Ha entrado en el sorteo de un viaje a ninguna sitio interesante con nada que hacer. Pero yo  quiero ir. Y si me toca a mí, voy a ser más feliz que tú. No te das cuenta que tu hermano dormía feliz cuando te comía esa ficha en el parchis o te ganaba al mus con un ordago en la última partida. La gente quiere olvidar a su jefe, su hipoteca, los gritos de su mujer, los ronquidos de su marido, los deberes de sus hijos, los dolores de cabeza, no llegar a fin de mes. Todos buscan una vía de escape, disfrutar de una sonrisa con la victoria aleatoria al juego menos interesante ante el rival que menos importe. Pero ese día miraran al techo de su habitación y dirán: “!He ganado!”.

No entendí nada lo que me dijo Jesús. Pero el discurso me entusiasmo. Estaba harto de intentar verdes bikinis a esquimales y abrigos de vison a veganos en verano. Cuando Jesús me puso el contrato delante de mí y me dijo:  ¡Salta! Yo respondi: “¿Hasta donde?”  Sin pensar. La suerte estaba echada. No había marcha atrás.

Empecé con trabajos esporádicos por horas. Solo tenía que presentarme los martes y jueves en las pistas de tenis y jugar contra rivales que no conocía. Me lo podía haber tomado como el resto de trabajos de mi vida. Con plena apatía. Pero me gustaban las películas épicas. Siempre empezaba fuerte. Tiraba mis mejores reveses. Grandes mates. Dejadas a la red. Notaba la cara de desesperación del rival. Pero poco a poco me iba deshaciendo como un azucarillo en el café. Mis errores aumentaban. La sonrisa del rival iba en aumento. No era un sparring que se dejaba ganar. Era un ganador que sabía que punto fallar  para que ese deportista de sofá se viniera arriba. La tensión siempre estaba asegurada. El rival ganaba, pero sudando la gota gorda y notando que había tenido un enemigo que le había podido vencer. La victoria sufrida es más victoria.

Las mujeres de mis rivales llamaban a la empresa y preguntaban que había pasado ese día, que su marido no había hablado de trabajo y estaba encantador.  Jesús me programaba más y más partidos y yo veía la luz con mi trabajo. Nunca sentí una derrota tan sabrosa. Nunca saboree como en este trabajo los fallos. Nunca ser un perdedor nato en la vida me había servido para triunfar como ahora.
Pasado un  mes ascendí a la sección de juegos de equipo. Y como siempre cuando no todo depende de ti, la derrota se hacía más complicada. Siempre me encontraba con compañeros de empresa que no sabían perder y que no acompañaban con sus instrumentos en nuestra sinfonía de fallos. Siempre tenía que ir como un bombero apagar el fuego de la victoria para hacer ese penalti absurdo en el último segundo. Para cometer esa falta técnica en la bombilla del campo de baloncesto que incitaba  la remontada del equipo rival. Siempre mandaba repetidas veces la pelota contra el cristal en la pista de padel cuando veía que mi compañero se venía arriba contra su antiguo amigo que le quito una novia. Siempre surgía un problema que se interponía hacia la derrota y siempre aparecía yo y lo solucionaba para perder. La leyenda empezó a crecer. Yo era el perdedor ideal que siempre llevaba a su victoria.

Pero todo cambio cuando llegue a la última planta de la empresa. La que daba dinero de verdad. La que estaba cerca de las personas que manejaban billetes. El primer mes te llevan a partidas de ajedrez, parchis, monopoly  y yo seguí con mi estela de perdedor luciendo en mi cielo estrellado de derrotas. Pero mi ascenso meteórico se encontró con el peor de mis rivales. Los juegos de azar. Solo tenía que conseguir que mis rivales en los casinos ganaran una partida para que no se hundieran y siguieran jugando. En un principio todo iba bien. La derrota parecía pegada a mi sombra. Pero llegó un largo mes de victorias. Siempre ganaba al negro en la ruleta. Y si cambiaba al rojo, lo que veía negro era mi futuro en la empresa. No había salero que derramar. Siempre me llegaba la maldita 7 y 1\2 cuando me jugaba todo a una carta. No había escalera por la que pasar por debajo.  Siempre aparecía  otra escalera, pero esta vez de color que ganaba al full en el  póker.  No había gato negro que me parara.  Siempre conseguía ese maldito 21 al blackjack. No había paraguas abierto bajo techo que me detuviera. La suerte me visitaba cada día en este trabajo de perdición.

Jesus me ha dado un ultimátum. Ya no cree en mí. Hoy es mi última oportunidad. La buena suerte me acecha. He pasado a la sección de actividades de alta riesgo. Me ha dicho que solo los valientes aceptan estos trabajos. Mi cuenta de ingresos esta en rojo. Noto un sudor frio en la espalda. Ha llegado mi turno. Solo tengo que confiar en mi mala suerte. Un ucraniano sudoroso acaba de mostrar la suya y ha pegado un grito liberador. Solo tengo que perder y mi leyenda resurgirá de nuevo. Coger el revólver y apretar el gatillo. Pasados unos segundos decidiré si he tenido buena o mala suerte.


martes, 15 de noviembre de 2016

Los exiliados romanticos






Tonos grises y paredes descorchadas. Julián parece yacer más que descansar sobre un improvisado somier hecho de palés de madera. Tumba en vida. Vida camino de la tumba. Como adorno a su raído mueble, unas puntas dobladas distribuidas de forma aleatoria,  y que muchos días en sus andares nocturnos habían dejada marcada su piel. Por lo menos no estaban oxidadas le solía decir Natalia. El buen conformar. En una esquina una estufa que compro en cash-converters por 20 euros. Paradojas de la vida se parece mucho a una que tenía en Madrid y que también empeño para comprar la gasolina que le diera un impulso para avanzar en su aventura que le ha colocado en Berlín. Con una mano delante y otra detrás. La clave era avanzar, pero avanzar a ser posible pero sin dejar puertas entreabiertas. No había marcha atrás. Camino sin retorno. Así que vendió todo lo que le pertenecía y también lo que no era suyo. Adiós libros prestados por amigos. Adiós tele que le dejo su prima. Adiós amigos. Adiós recuerdos. Hola nueva vida. Hola futuro incierto. Se compró un billete lowcost, voló agazapado entre dos asientos que no le dejaban respirar  y aterrizo en aquel cuadrilátero a la que le gustaría llamar habitación. Así están las cosas, no da ni para una habitación de invitados. Vuelos altos y aspiraciones por los suelos. Poder aspirar se había convertido en intentar sobrevivir. Un pseudo pasillo habitación era donde vivía. Es algo temporal, pero él sabe que la temporalidad se va a convertir seguramente en estacionalidad Aquello era una ratonera. Subsuelo. Con los muertos. Pero estaba bien comunicada y la compañera de piso era perfecta. Natalia.
Su amiga de la infancia. Su confidente y su amor platónico nunca reconocido.
-Julián, me voy – Le dijo Natalia dando una suave palmada en la espalda.
Julián intento devolver un “buenos días”, pero algo inteligible salió de sus labios. Se dio la vuelta y vio a Natalia de cuclillas apoyando su mano sobre su cama con una mirada burlona.
-         ¿Resaca? – le dijo Natalia sin poder esconder una sonrisa
Julián busca una botella semivacía que también yacía semiherida junto a su cama, le da un sorbo y le dice.
-         No estoy bien, me levanto y voy a buscarme la vida en seguida.
Natalia cierra la puerta de casa y Julián se queda allí solo. Se sienta en el borde de la cama. Una brisa fría le escupe la espalda. Recoge su manta del Ikea y se la pone sobre los hombros. Es la viva imagen de un refugiado que llega a la costa en patera y le ponen una manta térmica. Sin destino. Exhausto. A la deriva. Pero en el lugar adecuado para prosperar. Se atusa su pelo alborotado y recuerda la larga conversación regada con vino que tuvo en la cena de ayer con Natalia. Después de recordar y garabatear los recuerdos vividos entre los dos y tras descorchar la segunda botella de vino tinto de Uruguay que estaba de oferta en el súper, la conversación paso a temas transcendentales:
-         Somos exiliados, como nuestros padres que emigraron en el 39 de España, nos han echado de nuestro país- le dice a Natalia exaltado.
-         Bueno nuestros abuelos emigraron más bien por causas políticas.- le puntualiza ella siempre dando su tono cabal y con los pies en la tierra.

-         Y que es más política que la economía- le reprende- nos han cortado las alas, las ganas de vivir, las vías de escape y nos han obligado a emigrar.


-         Bueno tal vez ha sido la mejor solución- me dice Natalia mirándome a los ojos.

-         Somos exiliados, sí, pero exiliados diferentes a  nuestros abuelos. Exiliados románticos, a pesar de las dificultades, siempre iremos al encuentro de nuestro amor idílico y a la vez efímera, con la única misión de sorprendernos a nosotros mismos y de seguir sintiéndonos vivos. Como lo que he hecho yo contigo.- le dice Julián con los ojos brillantes.


Julián no puede más que sonrojarse ante tal recuerdo en su cabeza. Vergüenza ajena total. Una necesidad extrema de meter la cabeza en el suelo como un avestruz. Maldito alcohol que hace rebrotar las cloacas de sus sentimientos.
Julián coge su cazadora de invierno, sus botas raídas, le da otro sorbo a lo que quedaba de la botella de vino que había  sobre la mesa y abre la puerta de aquel lugar llamada hogar. Gente corriendo a izquierda y derecha. Ve primero ese cartel gigante de U-Van, luego ve el nombre de la estación PANKOW y finalmente el cartel de AUSGANG. Maldita Salida. NO HAY SALIDA. 


Texto originado de la fusion de dos momentos:

1. La Pelicula: Los exiliados romanticos. http://www.filmaffinity.com/es/film193161.html

2. La noticia. Descubren habitacion amueblada en el metro de berlin